La capital valdeorresa abrió las fiestas de O Cristo con voces del Orfeón, música de saxo, un montaje fotográfico y el pregón
14 sep 2007 . Actualizado a las 02:00 h.El pregonero sube al estrado. Han pasado cincuenta minutos de acto y el presentador ha conseguido arrancar las primeras risas de la noche. Él y el director de la coral que al sonar la sintonía de un móvil entre el auditorio se ha girado y ha comenzado a mover ligeramente las caderas al ritmo del politono. Pero de quien se acuerda el pregonero Agustín Domínguez es del presentador «barquense, amigo y pariente» Aurelio Trincado que en un emotivo, breve y cómico discurso se había ganado a la platea. «Me has robado el protagonismo, enhorabuena», bromeó el pregonero a la vez que comenzaba con su cometido, dar la bienvenida a las fiestas, recordar viejos tiempos y animar a todos a acompañar hoy al Nazareno en la procesión.
Era la primera velada de la fiestas y los organizadores diseñaron un acto sosegado y ceremonioso donde destacaron varias cosas. La primera, la versión que el Orfeón interpretó de la canción de Joan Manuel Serrat Cantares. También el último tema de la banda de saxofones del conservatorio municipal, que se arrancaron con un poco de swing. Después las fotos de un montaje con música sobre el año que ha pasado y como guinda el abrazo entre pregonero y presentador antes de cederse el testigo en el escenario. Y claro, los aplausos, que hubo muchos y para todos. El Teatro Lauro Olmo estaba lleno y las historias que narraba el pregonero encontraban muecas de asentimiento, sonrisas y miradas perdidas en los recuerdos evocados.
Agustín Dominguez dio el pregón porque es un vecino de esos que viven a quinientos kilómetros pero ejercen de barquenses allí donde estén y puedan echar una mano a un paisano. Y como le habían puesto atril y micrófono por derechos propios, aprovechó para reivindicar una calle para otro vecino, Piñeiro. Y la cosa no había hecho más que comenzar. El pregonero ya estaba a gusto en el escenario y conseguía recrear en el público la esencia de ese Barco que un rato antes el presentador había resumido con una proclama de su generación: «Ser barquense es una de las cosas importantes que se puede ser en la vida».
También antes, mucho antes ya, el Orfeón se había despedido con la letra de Serrat: «Nunca perseguí la gloria / ni dejar en la memoria / de los hombres mi canción». Así que a pesar de lo que vino después, hubo quien al acabar el acto aún susurraba a las puertas del teatro: «Caminate no hay camino...».