26 feb 2007 . Actualizado a las 06:00 h.
LAS CUESTIONES de ombligo, esa cicatriz de peculiar y fascinante belleza, siempre son delicadas. No se discuten. Es como ser del Madrí o del Barça . Se es y punto. Otra historia es la enfermiza admiración del propio ombligo, como la autocomplacencia; una peniña, vamos. Leo que hay quien no concede mucho valor a una declaración del año 1892. Es normal: ni él ni los suyos estaban allí; luego es como si no existiese, que el mundo se creó, o lo crearon, anteayer. Y el resto es agua mineral con gas añadido.