Parabólica

OURENSE

DE REOJO | O |

23 ene 2007 . Actualizado a las 06:00 h.

MIS AMIGAS me riñen cuando, al tomar café, presto más atención a la mesa de al lado que a la nuestra. Siempre dicen que llevo incorporada una parabólica y yo, para defenderme, enarbolo la bandera de la vocación y les espeto «Soy periodista». mientras ellas piensan que soy una cotilla. Nunca les doy la razón, aunque la tienen. Tengo un sexto sentido para captar lo que sucede alrededor. Y si son cosas cotidianas, mejor cobertura. Estoy de tiendas y oigo a las dependientas hablar de su situación laboral. Cumplen todos los parámetros del paro provincial. Son mujeres, son jóvenes y tienen contratos temporales. De hecho, no saben si la semana próxima estarán en la calle. Bromean, porque tienen las vacaciones pendientes y no saben si se las cogerán de forma definitiva. Con esas historias comunes en la cabeza escucho otras. Un ourensano para nada sospechoso de ser de derechas -es un recurso literario, nadie (casi nadie) tiene que ser sospechoso por tener determinadas ideas políticas- le viene a decir a otro que la cosa, ahora, no va mejor. Se refiere a la política. Que «estos» son peores que «los otros». La parabólica le pasa los datos al procesador que decide que se está refiriendo al antes y el después de la Xunta. O quizás tira más alto y habla de Madrid. Y la realidad abstracta de la política toma forma en un ourensanito de a pie que no está nada contento. Una sensación parecida a la suya la tendrán todos los que se habían creído las promesas, todos los que le movieron la silla al poder, todos los que esperaban el cambio... y se dieron cuenta de que todo puede ir a peor. Todos los que se dieron cuenta de que el hecho de llevar tantos años criticando algunos comportamientos te hace un experto absoluto en llevarlos a la práctica. Será eso. Será Ourense. Será que la realidad, siempre, hasta en lo pequeño, supera a la ficción.