DE REOJO | O |
16 ene 2007 . Actualizado a las 06:00 h.SOMOS desconfiados por naturaleza. Hasta un poco ruines. Nos sorprendemos, hasta nos asustamos, si aparece por la puerta alguien dispuesto a hacer algo por nosotros. Si es gratis, pensamos que el timo está asegurado. Así somos. El presidente de la CEO dijo ayer que, poco a poco, se va consiguiendo que las empresas ourensanas acepten a alumnos en prácticas. Hasta hace bien poco, parece, no eran partidarios. Y es que, claro, es para sospechar. Que un joven quiera venir a nuestro negocio a trabajar gratis no puede ser algo bueno. Lo cierto es que para muchos chavales esas prácticas son obligatorias. Una asignatura más, pero fuera del aula. A pesar de eso, de que no les queda otro remedio, hay quien prefiere no darles una oportunidad que, por otro lado, no obliga a nada. Luego vienen las quejas: que la gente no sale preparada, que no hay profesionales cualificados... en fin, lo que pasa cuando la pescadilla ha decidido dejar de morderse la cola. Seguro que también existe el caso contrario. La empresa que, sabiendo que hay mano de obra gratis, recurre a los alumnos en prácticas para solucionar papeletas laborales. Es evidente que acoger a una persona que se está formando requiere esfuerzo. Y tiempo. Pero eso no quiere decir que haya que aprovechar, que aprovecharse. Y habrá casos similares pero al revés. El alumno que acude a las prácticas dispuesto a estudiarse la lección y el que pasa ampliamente de tomar apuntes de la vida laboral, la vida real. El que agradece la oportunidad y el que deja claro que no va a llevar cafés sin que nadie se lo haya pedido.