DIAGONAL | O |
29 nov 2006 . Actualizado a las 06:00 h.PUES NADA, que tararí la Escola de Capataces de la Diputación, en algún momento granja escuela de capacitación agraria , esa misma que, al ladito del hospital Santa María Nai, pocas más funciones cumplía de un tiempo a esta parte que un eventual uso como colegio electoral. No había clientes y como tampoco es plan andar despilfarrando el dinero, la escuela se cierra y tan amigos. El asunto se discutió en la correspondiente comisión informativa de la institución provincial, se presentaron los dictámenes, se hicieron los informes, se cubrieron los papeles y los diputados certificaron sin siquiera una lagrimita la muerte de la escuela. Con la misma frialdad del profesional de funeraria. Punto. Daría el hecho mismo de la defunción de este centro para no pocas reflexiones. Desde el equilibrio entre formación profesional y universidad, hasta el peso del sector primario en la economía provincia. Incluso se podría aprovechar para conjugar el verbo expropiar. O para hablar de rigor, por ejemplo; de su falta, mayormente. Ocurre que en los papeles que el pleno de la Diputación aprobó la pasada semana la escuela aparece localizada en Rairo y a nadie se le ocurrió levantar el dedo y decir que no, que aquello es Regueirofozado. Sólo con que hubiesen mirado la dirección que aparece en la guía telefónica se hubiesen dado cuenta de ello. José Luis Hernáez y César Enríquez Cachín , como otros muchos, desarrollaron allí parte de su actividad profesional, en Regueirofozado, de la misma forma que Jacobo, Adrián, Carlos y Miguel, daban vida (hace ya sus años, casi todos los fines de semana) a unas canastas de baloncesto que fueron mudo testigo de la pérdida de interés de esta singular escuela. Si, verbigracia, Seixalbo no es Mariñamansa, Regueirofozado tampoco es Rairo. Y a una institución como la Diputación se le debe exigir rigor. ¿O ya ni eso?