DE REOJO | O |
08 feb 2006 . Actualizado a las 06:00 h.LOS NIÑOS ourensanos se van de excursión a la Agencia Tributaria para aprender, desde pequeñitos, que Hacienda somos todos. Ojo, que a lo mejor algún padre protesta y denuncia al colegio porque, de ese modo, están aleccionando al niño para que practique la responsabilidad social y él prefiere educarlo en el pasotismo. Como si no hubiera protestado lo suficiente -siempre en casa, siempre en el sofá, siempre mientras ve la tele- para que no haya clase de religión ni de educación para la ciudadanía. Como si él no tuviera derecho a que su hijo fuera un vándalo, un digno sucesor. Como si no pudiera darse el gusto de meterle cuatro gritos a la profesora cuando le llama la atención al chaval por no hacer los deberes. Porque, oiga, el chico hace los deberes cuando nos da la gana a todos, que somos una familia pasota pero democrática. Lo dicho, le explican al crío lo que son los impuestos pero luego ve que su tío pone el coche al nombre del abuelo, que está gagá, para ahorrarse la matriculación. Y piensa que los de hacienda son, los pobres, unos pringaos. Al niño le explican que las cosas que son de todos no hay que romperlas, más que nada porque apoquinamos todos. Pero luego oye como su hermano, ese culmen de adolescencia, se pavonea orgulloso de los destrozos que hizo en el parque Miño, por obra y gracia del calimocho y de su poco cerebro. Al niño le dicen sus profesores que no copie. El sábado se va a Vigo, también de excursión. Al mercado de A Pedra. Y se hace con el equipamiento completo del Real Madrid por un precio que, oye, no tiene desperdicio. Y aunque adore a Beckham no le da ninguna pena que él o su equipo vayan a dejar de ganar unos malditos cien euros porque él compre falsificaciones. ¿Los estamos educando (maleducando) o los estamos volviendo locos?