DE REOJO | O |
25 ene 2006 . Actualizado a las 06:00 h.ES UNA moda y, como todas, es probable que se pasen. Espero que se pase, como los pelos de punta o las hombreras. Porque me sonrojo, gramaticalmente, cada vez que me encuentro con los discursos elaborados en masculino y en femenino, como si estuviesen escritos para dos poblaciones distintas, paralelas, distantes, distintas. «Está aberto o prazo para que todos/as os/as mestres/as e profesores/as...». No es una broma. Es un extracto de una nota de prensa de un departamento ourensano de la Xunta. Si ésta es la forma que tienen los políticos (y políticas) - aunque también los sindicalistas (y sindicalistos)- de defender los derechos de las mujeres y de promover nuestra plena integración... vamos dadas (y dados). El paro castiga más a las mujeres que a los hombres en Ourense. Hay quien cobra menos porque en el sorteo de la vida le tocó la combinación XY. La promoción laboral resulta más difícil para ellas que para ellos cuando se empeñan en algo tan antinatural como tener una familia. Las féminas son, mayoritariamente, las víctimas de las violencia, de puertas para dentro, en casa, pero también de puertas para fuera, en la calle. Y lo más destacado que hacen nuestros dirigentes (y dirigentas) y representantes (y representantas), incluidas feministas muy machistas, es escribir jeroglíficos genéricos para que no nos sintamos ofendidas por la gramática. Yo, que estudié Lengua Española con un libro de Anaya que firmaba un tal Lázaro Carreter, les puedo asegurar que para mi dignidad no supone ninguna afrenta leer: «...todos os mestres e profesores...». Es más breve, más claro, más sensato. Si fuera maestra o profesora, me sentiría incluida en el párrafo. Como mis compañeros periodistos cuando los llaman periodistas.