AIRES DO ARNOIA | O |
19 ene 2006 . Actualizado a las 06:00 h.PORQUE no se consuela el que tiene cuatro vigas en el ojo propio, «pois neste congreso habelos, hainos», digo, vencedores y vencidos, perdedores y perdidos, y algunos, los que más alivian su pena, antes, durante y después del conclave popular. Y tiene gracia que a la conclusión de elecciones y convenciones partidarias, todos resulten ganadores, incluso, los paletitos de septiembre que quisieron apuñalar al viejo patrón por la espalda, los descabalgados en Lalín y reconvertidos a la «ortodoxia galleguista» de Peares, que hasta José Luis Baltar se consuela preguntando «onde están os agoreiros que nos ían enterrar», que hasta José Luis Baltar, con cemento, despide al veterano principal dando vivas a la unión del partido. Renovadores y renovados. Renovación en la representación ourensana a pesar de Rosendo Fernández, hombre de Baltar, aunque ya dio muestra de su dignidad y de su lealtad al partido. A pesar de Roberto Castro, paradigma de la fidelidad más camaleónica, que no se sabe si sube o si baja, que si de palique con Alberto, que si de cotilleo con Baltar. Renovación que Núñez Feijoo ha de continuar, que no en la línea del PSOE con lo que «haiga», que si «ó xeito dos bloqueiros» con cambio de líder, de ejecutiva y lo que tiene más importancia, a corto y medio plazo, la defenestración de barones y reinos de Taifas, pues no tienen cabida en un partido democrático y moderno, y a expensas de la desaparición de las diputaciones o al menos de su reorientación institucional, personajes como Cacharro Pardo, cada vez más histriónico y trasnochado, o José Luis Baltar, representante póstumo del marchito caciquismo decimonónico. Mas parece que en lontananza el presidentito Baltar, con frescura exuberante y poniéndole sordina a su trombón, desafina al canturrear el «güí, güí, güí, los de la boina, los de la boina, güí, güí, güí, los de la boina estamos aquí».