AL DÍA | O |
07 dic 2005 . Actualizado a las 06:00 h.Veintisiete años después de refrendar la Constitución, e independientemente, estamos asistiendo a un proceso interno de un partido, el Partido Popular, que está poniendo a prueba cuál es el alcance, por lo menos en votos, del apoyo que cada uno de los candidatos a la presidencia del PP tiene entre sus militantes . Y la verdad es que ha surgido, de los votos, una aparente «sorpresa»: quien, en principio, parecía que sería el sucesor de don Manuel Fraga resulta que ha sido el gran perdedor en la actual pugna, dejando paso a quien, sin ser profeta en su tierra, que es Ourense, consigue hacerse con una mayoría aplastante, en Pontevedra y en A Coruña, provocando un hecho curioso, que es que en Ourense, donde se presumía que tendría el menor número de apoyos, ha conseguido hacerse con el apoyo de la unanimidad de los compromisarios, gracias a su victoria en Pontevedra y A Coruña. Son, sin duda, cosas que tiene la política. El ejercicio de someterse a la militancia para poder conocer el verdadero peso de un político está en deshuso entre los partidos llamados «democráticos». Y es una pena. Esto ha significado que personajes mediocres, que jamás obtendrían el respaldo de la militancia, alcanzasen grandes cotas de poder dentro de su partido. Quizás esa la causa de que se extienda la falta de democracia interna en los partidos, al ser éstos controlados por personajes que para representan a las bases de sus partidos. Parece mentira que, después de 27 años de Constitución, estemos en una situación de desarrollo de partidos tan antidemocrática. Pero supongo que algo tendrán que decir los militantes ante esta situación. Y que tratarán de corregirla, porque a lo único que conduce es a una falta de credibilidad popular de los partidos políticos. Para que luego digan que los jóvenes son unos pasotas y pasan de la política. No me extraña.