En dos minutos | La otra cara de las clases universitarias
17 jun 2005 . Actualizado a las 07:00 h.?Cómo aprende un crío a reconocer las letras? ¿Y los números? ¿Cómo distingue, con el tacto y las palabras, qué es áspero y qué suave? ¿Cómo se da cuenta de lo que es lógico y lo que no? ¿Cómo se le enseña lo que duran los días? ¿Y cuándo llega la primavera? Son muchas preguntas -son muchas las cosas que aprenden, en el cole o en casa, los niños de hasta seis años- pero tienen una única respuesta: jugando. Lo saben bien los setenta alumnos de primero de Educación Infantil que, como trabajo de fin de curso elaboraron con sus propias manos distintos juguetes concebidos como recursos didácticos alternativos. En clase, los futuros maestros han aprendido que resulta mucha más positivo, útil y educativo emplear materiales elaborados por uno mismo. Y de sus manos han salido, con mucho espíritu de reciclaje, todo tipo de juegos con una finalidad pedagógica y didáctica muy concreta en cada caso. Un ejemplo: el dominó, del que se pudieron ver distintas versiones en la muestra que con todo el material montaron los estudiantes en el edificio de Hierro. Ese juego en concreto sirve para que el chaval cultive el pensamiento lógico concreto. Las réplicas de instrumentos tradicionales sirven para que el potencial alumno puede crear sonidos con sus propias manos. Y es que ver y tocar es muy importante también para la psicomotricidad y para aprender cuándo cambian las estaciones o cómo se lee la hora. La colección de juegos, revestidos de la utilidad didáctica, que se utilizan para enseñar conceptos básicos a los niños se completa, entre otras cosas, con paneles con las partes del cuerpo humano, un minimercado con todo tipo de alimentos, adivinanzas, cajas de texturas y disfraces.