Pecados

ANTONIO NESPEREIRA

OURENSE

AL MARGEN | O |

28 mar 2005 . Actualizado a las 07:00 h.

¿QUÉ pasa en Ourense el día en el que Joaquín Luqui decide ir a cantar Hey, Jude con Lennon al cielo de los musiqueros, el profesor Jiménez del Oso comprueba si estamos solos o acompañados en el universo, el Papa acrecienta su leyenda de mártir y Rainiero sucumbe en su Mónaco decadente? Que la vida sigue, a pesar de todo y de todos, que cuesta volver al curro, que la Semana Santa deja el plúmbeo recuento de todos los años sobre cuántos turistas han venido, cuántos ourensanos se han escapado no sé muy bien de qué o de quién y qué número de victimas apuntamos en la estadística a cuenta de las carreteras. En estos días en los que el ritmo de la actualidad es todavía un tanto cansino uno recuerda las palabras del padre José Ignacio, un monje cisterciense de Oseira que lleva un montón de años encerrado entre las paredes del cenobio conviviendo con doce compañeros que profesan el mismo estilo de vida y sustentan su fe en los mismos principios: la oración, la soledad y el silencio. Él me cuenta que es la mejor forma que ha encontrado para entender el sentido de su vida, que la tuya y la mía es artificial y pecaminosa. Es una opción, pero hay otras, porque también hay días en los que presta pecar dando un abrazo al prójimo o descorchar un buen Ribeiro.