La fórmula del poder

Marta Vázquez Fernández
Marta Vázquez OURENSE

OURENSE

Perfil | Xosé Manuel Cid Xosé Manuel Cid fue reelegido ayer decano de uno de los centros más grandes del campus. Será el último cargo, por ahora, de un hombre que ha ostentado responsabilidades desde 1989

09 mar 2005 . Actualizado a las 06:00 h.

?u nombre se asoció al de un cargo dentro de la Universidad en el año 1989. En aquel entonces ya era director del colegio universitario que años después se convertiría en Facultad de Ciencias de la Educación. Y él sigue siendo el que manda. Ayer la junta de centro le dio, una vez más, el respaldo necesario para continuar tres años más al frente de uno de los centros con mayor alumnado del campus de Ourense y Xosé Manuel Cid se propone, para este futuro próximo, ganarle la partida al reto que supone el espacio europeo de educación superior. Pero entre aquel primer cargo y el que hoy ocupa no sólo ha pasado el tiempo. Xosé Manuel Cid ha sido director de colegio, vicedecano, decano e incluso vicerrector, puesto al que llegó cuando en 1998 Domingo Docampo y su Alternativa Universitaria se hicieron con el poder en la Universidad de Vigo. No le duelen prendas al afirmar que a él y a nadie más hay que adjudicarle logros como la consolidación del aula de teatro del campus, los premios de las Letras Galegas o la presencia de la Universidad en fundaciones culturales. Y es que si por algo se ha caracterizado su gestión es por intentar acercar la Universidad a la realidad cultural, pasada y presente, de la ciudad de Ourense. Aunque alguna vez ha recibido críticas a su gestión, dice que han sido las menos. Siempre se ha sentido respaldado y asegura que eso es lo que le ha animado a mantenerse como decano, casi inmerso en una inercia generalizada que ha hecho que en pocas ocasiones haya tenido competidores que optaban a su puesto. La única, hace ahora tres años, se saldó con una derrota del otro candidato. No es ajeno a todo ello el hecho de que Cid, fiel defensor de las políticas de Vigo -abogó en su día por la no segregación del campus-, siempre haya contado con el apoyo incondicional del rector y de su equipo de gobierno. A punto de afrontar su segunda legislatura desde que se creara el centro que dirige, sabe que le espera el retiro en tres años. La ley no le permite continuar más tiempo pero él añade un, «por ahora» a esta circunstancia. Mientras tanto, le queda por delante tiempo suficiente para dejar zanjada la adaptación del centro a las nuevas titulaciones europeas. Solicitar postgrados es un objetivo pero también le atrae el reto de cambiar la vieja mentalidad universitaria, la de estudiar para aprobar, por otra en la que prime el aprovechamiento real de las vivencias prácticas de la Universidad. Como el nacionalista que es, aunque en este caso sin cargos, también le preocupa que el gallego ­-lengua que él siempre habla- se extienda en un centro que aspira, al igual que la sociedad, a la normalización lingüística. Cercano y ajeno a los formalismos, Cid ha sabido hacerse con la fórmula del poder. La que prima el reconocimiento.