A Florentino Delgado se le entiende perfectamente. Habla claro. «El fiscal que no tenga ideología es que no tiene cabeza. Me considero un servidor del legislador, pero tengo mi ideología, por supuesto. Quiero un modelo fiscal e incidir en aspectos que considero relevantes socialmente. La absoluta asepsia, o neutralidad, conduce muchas veces a confirmar que en el medio está la mediocridad. De todos modos, cuando aplico el Código Penal, no lo hago con una ideología. Cuestión distinta sería la aplicación sectaria de la Ley. Estoy por conocer a un fiscal que haya hecho eso». -¿Alguno habrá, no? -Yo, desde luego, no lo conozco. -Sin embargo, hay ocasiones en las que puede haber conflicto... -He ido a juicios por insumisión, cuando ese proceder estaba penalizado. Tengo y tenía entonces ideología y opinión. Si me limito a ser aséptico en ocasiones como aquéllas, cumplo con el Código Penal, acuso y no tengo problemas de conciencia. Pero, además, pedí el indulto. Tenía el íntimo convencimiento de que aquella actitud no debía ser castigada. Y así obré. Y no se trata tanto de ser de derechas o de izquierdas, como de tener criterios propios. -¿Y la eutanasia? -Es un asunto muy complicado, en el que confluyen aspectos y valores íntimas, de índole moral y religioso. Ahora mismo es un delito y si tengo pruebas de alguna actuación, aplicaré el Código Penal. El debate, de todos modos, lo ha de hacer la sociedad. Y es el legislador el que debe recogerlo.