24 nov 2004 . Actualizado a las 06:00 h.
A LOS 13 años hay que estar borracho. De risas. Pero a los 13 años los niños ourensanos están borrachos. Y punto. A los 13 años las fiestas deberían ser, todavía, con bocatas de nocilla. Pero son con calimocho (ojalá fuera sólo esa patada al vino), con whisky barato y demás familia. A los 1os 13 años los chavales se creen tíos. Y las niñas, mujeres. Alguien, sus padres, deberían recordarles -si hablaran con ellos- que hay tiempo de crecer. Sobra.