DE REOJO | O |
09 oct 2004 . Actualizado a las 07:00 h.QUE Baltar se vaya o se quede viene siendo lo de menos. Analizamos el tema a la hora del café, le hacemos la autopsia a la política provincial y opinamos, que algo queda. Sin embargo, cuando nos desvelamos por la noche y damos vueltas en la cama sin dormir, no es precisamente Baltar quien nos acompaña en la vigilia. En esos ratos largos, en los que uno está cansado hasta para dormir, se piensa en el trabajo, en la familia, en la salud. Se piensa en los problemas que, puñeteros, se hacen más grandes a oscuras. Contando cuitas nos dormimos. O no. Sin que sean los políticos (pobres) los que nos quitan el sueño. No es con Baltar con quien queremos hablar. Preferimos hacerlo con el comisario (esta semana se reunió con un puñado de vecinos) porque tiene claro quienes son los buenos y quienes los malos. Porque lo que nos importa es que no nos roben el bolso después de un chantaje a navaja. Porque queremos que nos ahorren problemas. Porque no queremos más de los que nos buscamos nosotros solitos que, para eso, somos muy apañaos.