Crónica | La compleja determinación de responsabilidades Un cable de tendido eléctrico para destino doméstico, situado a la entrada de la villa, atrae muchas miradas como causa desencadenante del siniestro de hace una semana
03 sep 2004 . Actualizado a las 07:00 h.Ha pasado una semana, pero ayer, a las dos de la tarde, aún salía humo de entre los escombros de lo que hasta el sábado pasado eran dos casas en la calle Maestro Taibo de Bande, vivienda de tres octogenarios. Los directamente perjudicados por el fuego han empezado a moverse para estar listos ante el previsiblemente complejo proceso judicial que tienen por delante. Por ahora, la Guardia Civil ha cerrado su investigación, de la que, por ahora, sólo en el juzgado conocen todos los detalles, aunque a los técnicos y responsables de Unión Fenosa algo les ha llegado, por la parte que les toca. Y, por si acaso, el cable que centra las sospechas, como origen del suceso, ya ha sido convenientemente recubierto. Que los vecinos miren para otro lado cuando ven pasar a tantos camiones pesados como invaden el centro de la villa a cualquier hora del día, sin punto de encuentro en el debate sobre la circunvalación, no significa que sean ciegos. Y en los últimos días han asistido al ir y venir de los pejotas de la Guardia Civil, los de la policía judicial, implacables e incansables a la hora de escudriñar hasta el último rincón e interrogar a unos y otros. Y han visto cómo el cableado urbano, ese mismo al que frecuentemente no se hace mucho caso, era objeto de sospechosas aproximaciones. Los investigadores trabajaron con toda la discreción, pero en un pueblo pequeño canta si los guardias y el juez se paran a observar un cable en particular, uno que está a la entrada de Bande por la carretera que viene de Xinzo, casualmente en la misma ruta que el sábado empleó el camión accidentado, en su trayecto de Porqueira hacia Arcos de Valdevez. Un cable de tendido eléctrico que une dos casas, en diagonal, de los número 51 al 42 de la misma calle Maestro Taibo, prácticamente en las afueras. Los dos edificios están deshabitados, ni siquiera hay contador operativo, pero algún vecino comprobó, y sabe, que «alí hai corriente». O había. Unión Fenosa No extraña, por todo ello, que el mismo cable que hace una semana presentaba un corte, ayer estuviera bien protegido. Y tampoco extraña, después de que a Unión Fenosa le llegase el recado de que se investigaba su presunta responsabilidad, su personal se pusiese las pilas. Era, sin embargo, llamativa la presencia de un equipo de seis personas que ayer mismo aprovechaba la sombra de castiñeiro que pervive a un lado de la carretera para medir la altura del cable y comprobar cómo, tal y como se les había dicho, no estaba a seis metros de altura, sino a menos de cinco. Y es que las ramas del propio árbol le impiden mantenerse en paralelo con el suelo. La responsabilidad del suceso la delimitará la Justicia y, por el momento, cada día se complica el caso un poco más. El letrado Pablo Quintas estaba ayer en Bande. Había acudido para personarse en el juzgado, en representante de una veintena de perjudicados. Un paso más. Cuatrocientas alpacas Que las llamas se propagaron a las casas, a los establecimientos comerciales y a los coches desde el camión portugués que cargaba 400 alpacas desde A Forxa a Arcos de Valdevez, está fuera de duda. Pero, ¿cómo empezó a arder la paja? ¿Y cómo es que no había medios apropiados para atajar el incendio? Los perjudicados empezaron dirigiendo su frustración, su cólera y su dedo acusador hacia el Concello de Bande, pero en el aire quedaba la incógnita del origen. Y si alguien había visto el tráiler antes de entrar en el casco urbano, sin fuego; y metros después, desde el supermercado Pincha Precios del lugar, poco antes del lugar del siniestro, ven llamas y dan la voz de alarma, es que la chispa saltó en un punto intermedio. La primera parte del trabajo parece hecha. Queda ahora un largo camino para determinar y repartir, llegado el caso, las responsabilidades a que haya lugar. Mientras, varios vecinos se han visto obligados a abandonar sus hogares, como han tenido que renunciar a su actividad los titulares de dos establecimientos comerciales, una mercería y una tienda de electrodomésticos.