Abstracción y materia

JERÓNIMO MARTEL

OURENSE

PILI PROL

OURENSE CON EL ARTE | O |

25 ago 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

OCUPAN EL Museo Municipal dos exposiciones, una de pintura -básicamente abstracta-, en la planta superior, y otra de escultura -especialmente matérica, si se me perdona la redundancia-, en toda la planta inferior. Constituyen una excepción muy marcada en la tal vez demasiado lánguida actividad cultural de nuestro mes de agosto. Un plantel de jóvenes pintores La primera exposición se anunció para el entero mes de agosto y ofrece la VI Bienal de pintura 2004-2005 Eixo Atlántico. Constituye un muestrario -a obra por artista- de los treinta y seis pintores seleccionados en este concurso-muestra, exponente de la pintura joven de calidad del norte de Portugal y Galicia; esto es, de las dos márgenes del río Miño. Representan a la provincia de Ourense dos artistas: Modesto Piñeiro Vaquero (Ourense, 1963) y Gonzalo Eiriz Fernández (Ourense, 1977). El primero presenta la obra titulada Truzo Z -II- O3, pintada en acrílico sobre madera y polistileno; y el segundo una obra sin título realizada en técnica mixta sobre fibra de madera. Ambas obras son abstractas, de tendencia geométrica y primado del color. Un homenaje a la música La segunda exposición, de escultura, titulada Oda ó violín, la presenta la escultora-ceramista Flor Fernández Santamarina (Ourense, 1953); y permanece abierta hasta el próximo día 29 inclusive. La artista había dedicado su exposición anterior -en Verín, en el 2003- a la música en general, bajo el título En clave de sol. Y esta vez especializa el tema en ese instrumento singular, el violín. Es más, dentro de la muestra actual incluye una pieza -en madera trabajada, barro refractario y porcelana- que reproduce los primeros compases de la versión musical de la Oda a la alegría de Schiller -ese himno a la alegría humana, el dolor y la fraternidad universal-, que agregó sorpresivamente Beethoven a su Novena Sinfonía coronándola así, rompiendo moldes, mediante un coro y cuatro solistas. Es claro que la artista se identifica con la máxima de Platón según la cual «La música es el alma del universo»; y con la conocida conclusión de Shakespeare: «Donde mueren las palabras, nace la música». Por otra parte -por otra clave-, Flor Fernández Santamarina, como afirma el profesor Miguel Ángel Antolín Lería, «achéganos a ensoñacións moi cercanas ó surrealismo que sen embargo nunca abandonan o cercano, o que nos rodea». Su relativo surrealismo no va propiamente por la línea de lo onírico, mágico y absurdo, sino por la de su personal convicción coincidente con Paul Klee cuando éste dijo que «el arte no reproduce lo visible, sino que lo hace visible». En todo caso, no extraña que Flor sacara adelante en Santiago durante julio pasado -con Pepa Mariño- un proyecto de Homenaje a Dalí, en que se unieron hasta cuarenta artistas. Y que una de las piezas de la muestra actual lleve ese mismo título referido a Dalí, constando de un cubo de hierro sobre el que se despliega un violín fundido con dicho cubo, por cierto inspirándose así en los famosos relojes blandos dalinianos, aunque, no ya como símbolo de la descomposición de la materia, sino, por el contrario, como signo de la persistencia de la memoria. En fin, esta artista equilibra el surrealismo con la impronta matérica, gracias a sus materiales y procedimientos: así, al barro refractario, los esmaltes artesanales, las soldaduras, la porcelana mezclada con el hierro ¿ Equidista, originalmente, del informalismo matérico y el surrealismo idealista.