DIETARIO | O |
14 jun 2004 . Actualizado a las 07:00 h.ME quedo con Los Limones. Sin duda. Me quedo con su sonido nítido, con su voz contundente y, sobre todo, con su humildad. Tenían el difícil papel de ser los teloneros de un grupo que mueve masas. La Oreja de Van Gogh llegó causando expectación. Sin embargo, con la misma velocidad que arrancaron los gritos de admiración provocaron también la decepción. La de ver como los mosquitos pudieron más que sus fans. Como los mosquitos merecieron más atención que su público. Como los mosquitos se convirtieron en el único tema de conversación con su auditorio. No disimulaban. Estaban incómodos. Se olvidaron la profesionalidad en casa. ¡Que vuelvan Los Limones!