AL MARGEN | O |
10 may 2004 . Actualizado a las 07:00 h.«ROIS a la Moncloa». Así rezaba una pancarta que ondeaba el pasado domingo por el estadio de O Couto. Sí, señor. El presi del Ourense llamado a más altas responsabilidades. Perdón, a otras funciones. No será tarea sencilla dirigir los destinos del país sentado en el sillón que hoy ocupa Zapatero, pero tampoco le arriendo la ganancia al máximo gestor de la entidad deportiva con más solera de la capital. Manolo Rois tiene ese gesto racial que caracteriza a los temperamentales, que lo mismo besa el anillo al obispo que blasfema en la grada cuando el Ourense la pifia. Que ahora amenaza con dar un portazo si Baltar y Cabezas no sueltan la pasta y que luego se faja con Hacienda para ir saldando una deuda que anteriores dirigentes del club dejaron como herencia de su pésima gestión. Así es Rois o, por lo menos, así aparenta ser. Un hombre tan capaz de cesar a un entrenador en plena liguilla de ascenso como de aguantar en el puesto de mando a pesar de que las cuadernas del barco lleven crujiendo años. Ahora, con el equipo viendo de cerca la segunda división, alguien le quiere llevar a la Moncloa. No vayas, presidente. Quédate en el Ourense, que lo otro sería demasiado fácil para tí.