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21 abr 2004 . Actualizado a las 07:00 h.LA Pasión de Cristo -conmemorada durante la pasada Semana Santa- trajo a nuestra provincia, como todos los años, el Vía Crucis viviente de los jóvenes de Xinzo de Limia y la escenificación teatral -de la prisión, la oración en el huerto de los olivos, el proceso judicial y la crucifixión de Jesús- de Celanova (al proceso se le titula allí «proceso político y religioso contra Jesús», distinguiéndose la intervención judía de la romana). Este año, además, subrayó mediáticamente el mensaje de la Semana Santa la película de Mel Gibson La Pasión de Cristo , que la traslada al celuloide -con piedad artísticamente expresionista por su violencia visual pero también rigor estrictamente histórico por su sustancial fidelidad al relato evangélico-. Pero en estos recuerdos nada va contra los judíos o contra los romanos. Como quieren expresar la Leyenda del Gran Inquisidor de la novela Los hermanos Karamazov de Dostoievsky o el drama Proceso contra Jesús de Diego Fabbri, los responsables de ese tremendo pecado somos todos los hombres, cristianos incluidos.