En un año y tres meses ha quedado la condena a Alejandro Chavaud Pupin, de 35 años, por su responsabilidad en un accidente de tráfico en el que perdió la vida su esposa. Iba bebido. Una sentencia del Juzgado de lo Penal número 1 de Ourense lo castiga como autor de un delito de homicidio imprudente, en concurso con otro contra la seguridad del tráfico. La sentencia fija también el pago de indemnizaciones a favor de los hijos de la pareja y de los padres de la fallecida. 36.600 euros para uno de los dos pequeños y 15.600 euros a los padres, que acogían a los niños desde enero de 1998. Del pago de las cantidades deberá responder la compañía aseguradora del coche, mientras que el acusado no podrá conducir durante dos años. La sentencia detalla como hechos probados que el acusado, pese a tener sus facultades de atención mermadas por la ingestión previa de alcohol, se puso al volante de su coche el 25 de enero del 2003. Conducía por la carretera de Piñeira de Arcos a Ponte Noalla sobre las 22.30 horas cuando, a la altura del kilómetro 21,400, en el municipio de San Cibrao das Viñas, "debido a las inadecuadas condiciones psicofísicas en que se hallaba", perdió el control de su coche, se salió de la vía, chocó contra un puente y se precipitó al río Barbaña. En el asiento delantero derecho y sin cinturón de seguridad viajaba su esposa, Rosa P.G., de 28 años, una mujer que, de acuerdo con la sentencia, estaba diagnosticada de trastorno esquizofrénico y de tipo depresivo y retraso mental débil. La mujer falleció asfixiada, sin poder abandonar el vehículo. Con posterioridad al accidente, minutos antes de la medianoche, los agentes de la Guardia Civil que intervinieron en el suceso invitaron al acusado a hacer una prueba de alcoholemia. Los 1,12 miligramos de alcohol por litro de aire espirado permitieron corroborar los síntomas externos que el acusado mostraba: rostro pálido, ojos brillantes, pupilas dilatadas, comportamiento normal y tranquilo, habla clara, olor a alcohol notorio a distancia, expresión normal y deambular titubeante. La jueza, a partir de los signos externos, el resultado del test de alcoholemia y las propias declaraciones del imputado, que admite haber tomado dos cubatas y un chupito, estima que una de las circunstancias que motivaron la pérdida de control del vehículo fue precisamente la de conducir bajo los efectos del alcohol. Valora, además, que circulase a una velocidad mayor de la permitida. La defensa formuló un recurso contra esta sentencia que deberá resolver la Audiencia Provincial.