LOS plenos se convierten en escenarios de lucimiento intelectual y de conocimiento. El profesor Francisco Rodríguez se remontó a hace tres décadas para defender que la plaza de San Martiño podría quedar mejor de lo que está. El jurista Sánchez Vidal se fue hasta 1886 para argumentar que tampoco es tan descabellado que el edificio se reconstruya. El de los oficios, Enrique Nóvoa, se fue hasta el siglo XIII para darle caracter patrimonial. Para que luego digan que no hay memoria histórica.