En directo | Hortoflor celebra en Barbantes la fiesta de fin de campaña María José Cimadevila, conselleira de Asuntos Sociales, comió con seiscientos cooperativistas que se perdieron la mitad de su intervención por el ruido de la lluvia
30 nov 2003 . Actualizado a las 06:00 h.? la lluvia no le importó que la familia cooperativista de Hortoflor (cerca de seiscientas personas) celebrara su fiesta de fin de campaña. Convirtió en desapacible un día destinado a la convivencia. El hombre del tiempo lo había advertido por lo que no hubo espacio para la sorpresa. María José Cimadevila, conselleira de Asuntos Sociales, fue la invitada de excepción. Llegó pasada la una y media y fue recibida por los representantes de la cooperativa, capitaneados por el presidente, Carlos Gómez, y la vicepresidenta, Carmen Estévez. También por Baltar Pumar -«José Luis, acércate», le dijo ella cuando iniciaron la visita-, alcaldes, senadores populares, delegados provinciales. Y otros. Cinco minutos de reloj tardó Cimadevila en escribir una dedicatoria en el libro de honor de la cooperativa. «Tenía ganas de discurso», se justificó. «Fago votos de que Hortoflor sirva de exemplo», dejó plasmado en una de las dos páginas que empleó en su felicitación escrita. Recibió como regalo un cuadro con motivos florales que (¡oh, glamurosa casualidad!) «me hacen juego con la ropa», apuntó divertida la conselleira, abonada al rosa. Ya en la nave, dispuesta como gigante comedor, se guardó un minuto de silencio por las víctimas del atentado de Irak, a propuesta de Carlos Gómez. La iniciativa sorprendió a todos y todos la secundaron. Después de un breve discurso del presidente de Hortoflor, que abogó por empezar la nueva campaña con energías renovadas, le tocó el turno a María José Cimadevila. Los asistentes se perdieron la mitad de su discurso. La lluvia golpeaba tan fuerte sobre el techo de aluminio de la nave que fue imposible escuchar todas sus palabras. Muchas eran de felicitación a los cooperativistas, entre los que son mayoría las mujeres. La tromba de agua se compensó con empanada, pulpo y música de charanga.