Horarios rígidos y normas inquebrantables para el hogar y la escuela

Mar Gil OURENSE

OURENSE

29 nov 2003 . Actualizado a las 06:00 h.

La pauta de actuación que los especialistas defienden ante este tipo de pacientes es la unificación de criterios entre médicos, padres y maestros y el establecimiento de normas y horarios rígidos, que ayudan a centrar la atención. Actualmente, argumenta la doctora De la Peña, «los niños tienen pocas normas». «Los niños -defiende- tienen que saber cuáles son sus límites porque, si a los 9 años hacen lo que les da la gana, ¡imagínate a los 15! Hay que sembrar unos valores, costumbres y normas de convivencia para todos y eso se está perdiendo». Esas pautas, abunda, deben manejarse, no sólo para niños con el trastorno, sino «para todos». El mismo idioma «Unas normas que cumplir y un respeto hacia los demás es fundamental -indica-. Si esto no se presenta y, encima, hay una posible causa de hiperactividad, ¡imagínate tú el drama! Padres, médicos y maestros tenemos que utilizar el mismo idioma, las mismas normas, y éstas deben ser inquebrantables». Establecer horarios rígidos y hacerlos cumplir sin concesiones, entiende la doctora, ayuda al niño a centrarse en sus actividades y facilita la vida en su entorno. Para el colegio, recomienda una estrecha colaboración para fijar pequeños trucos y actitudes que permitan al niño quemar su desbordante energía sin dañar a los demás. ?ntre el 3 y el 5% de los escolares padecen el trastorno conocido como déficit de atención, una patología que suele presentarse asociada a la hiperactividad. El síntoma común a este trastorno es el que le da nombre, la falta de atención. Sin embargo, explica Trinidad de la Peña, médica de la asociación Certeiro, que reúne a pacientes con daño neurológico, puede presentarse acompañado de impulsividad, agresividad y, en la mayoría de los casos, hiperactividad. Un paciente con este trastorno, comenta De la Peña Álvarez, «es el típico niño que no para quieto, pero no sólo en casa y en el colegio, sino en todos sitios». Normalmente, abunda, son niños rechazados por los compañeros porque causan problemas, son desobedientes y no siguen ninguna norma. «Se tildan de maleducados -añade- y los padres están todo el día detrás de ellos sin que les hagan caso». En cualquier caso, no cabe la simplificación. Un niño que se pasa todo el día moviéndose y jugando no es, necesariamente, hiperactivo ni tiene por qué padecer ningún trastorno. «Como se ha popularizado un poquito el tema -comenta De la Peña-, cualquier niño que esté todo el día jugando se dice que es hiperactivo, pero eso es más un problema de percepción que de diagnóstico. El diagnóstico tiene que ser realizado por un especialista, no por los padres ni por los profesores. Hay niños que derrochan energía, pero no son hiperactivos, no es un tema subjetivo». Para que pueda hablarse de trastorno de déficit de atención, con o sin hiperactividad, los síntomas tienen que perdurar durante al menos seis meses. Pueden producirse circunstancias muy concretas, como cambio de residencia, divorcios, alcoholismo o violencia doméstica que provoquen temporalmente síntomas similares, pero no puede hablarse de trastorno si no persisten.