Más allá de Nogueira de Ramuín

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El escultor ourensano Florencio De Arboiro constató este verano la existencia de afiladores en Italia Los italianos dejaron en Estados Unidos una escuela y una revista

30 ago 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

?hora que el afilador ourensano es poco menos que su leyenda. Ahora que comienzan a interesarse los estudiosos por tan singular figura, nacida al amparo de una sola parte de una sola de las provincias gallegas, nos percatamos de que la globalización es anterior a Internet. Mientras los ourensanos de O Pereiro, o de San Xoán paseaban con sus ruedas las calles de las ciudades españolas y allende los mares, los italilanos de la región del Arrotino hacían otro tanto por el mundo. El escultor y coleccionista de ruedas de afilar, Florencio de Arboiro, se dió de bruces con esta realidad este mismo verano. Sospechaba algo desde que recogiendo ruedas y hablando con descendientes de afiladores ourensanos, alguno le comentó que los que iban a Brasil decían que se encontraban con la competencia italiana y que, además, eran buenos; que aprendían con maestros el oficio y que habían dejado en Estados Unidos una escuela de afilado y una revista, «El hombre afilador». Pesquisas Florencio de Arboiro se suscribió de inmediato a la publicación, le escribió al editor preguntando de qué parte de italia eran los afiladores -no obtuvo respuesta- y acabó metiéndose en Internet. En julio dió con el origen: la región del Arrotino que, para colmar su ansia, celebraba el segundo día de agosto, la fiesta institucional en honor a los afiladores. De Arboiro se metió 2.500 kilómetros entre pecho y espalda: 2.500 kilómetros en el camión de su amigo Germán -no encontró billete de avión- y llegó feliz al Arrotino, pasado Venecia, al lado de Eslovenia, en donde dice que fue recibido con trato de embajador. Los italianos, que no conocían a los afiladores ourensanos lo conocieron a él que llevaba documentación y el silbato del gremio ourensano en el bolsillo. Y a cada chiflido de Florencio de Arboiro los italianos respondían con el toque de campanilla, su reclamo afilador. Ni que decir tiene que confraternizaron y que los del Arrotino nos devolverán la visita. Vendrán en autocar el próximo año a conocer la tierra de sus desconocidos hermanos de oficio. De Arboiro no cabe en sí de gozo. El coleccionista de ruedas, el escultor, el estudioso de la figura del afilador, descendiente de ellos, ha encontrado un eslabón perdido y la constatación de que las singularidades son escasas. Más allá de Nogueira están también nuestras esencias. El mundo es un pañuelo.