La nada

OURENSE

MIGUEL VILLAR

Había conseguido seis escaños cuando lideró la lista de los socialistas en 1999 y se quedó sin ninguno cuando se presentó como salvador de una causa que dio la mayoría al PP

26 may 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

?legó en el 99 para cerrar heridas, tendiendo y apretando manos encallecidas de tantos y tantos golpes prodigados en el seno de un PSOE desvalido desde la marcha de Veiga. Engatusó a viejos rivales y a nuevos colegas con su verbo fácil, sun sonrisa pronta y su conciencia lasa. Se hizo con el poder y expandió a diestro y siniestro que su opción iba en serio, que la tranquilidad se establecería en la convulsa familia socialista. Como buen político que es (tan sólo superado por el inalcanzable José Luis Baltar y por Pachi Vázquez, una mezcla de los dos), prometía para no cumplir. Pronto hizo de su capa un sayo y del partido, trizas. Se fue dos minutos antes que le expulsaran y usufructuó en su propio beneficio (y de cuatro amigos que le siguieron), el término socialista. Lo utilizó en el concello con la complicidad culpable del alcalde del PP. Complicidad que se dibuja tras la campaña («invertirei 600 euros») más yanki de las celebradas en este mayo de sus sinsabores. Había obtenido con el PSOE el peor resultado de la historia del partido en Ourense. Ahora, él solo, sin el paraguas del puño y la rosa, pasó a ser un vulgar Gil y Gil, pero sin escaños. La nada. Pero la operación había resultado un éxito. Restó tres mil votos a las fuerzas progresistas y entregó a Cabezas la cabeza de la mayoría. Sonrió. Era lo pactado.