Pequeños en apuros

JERÓNIMO MARTEL

OURENSE

MIGUEL VILLAR

OURENSE CON EL ARTE | O |

14 may 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

EN DOS de las exposiciones que visitan nuestra ciudad, los protagonistas últimos son los niños, pero además niños en apuros. Sus escenarios son el fondo turbio de la guerra, en un caso y, en el otro, el trasfondo dramático de los desastres ecológicos. Pero hay también un segundo denominador común en ambas muestras. Recogen un arte sentido hasta el dolor, tanto con el corazón como con la cabeza. John Ruskin, el crítico de arte inglés novecentista, dijo: «Arte bello es aquel en que la mano, la cabeza y el corazón marchan juntos». Y el francés Henri Cartier-Bresson, con casi cien años de edad y considerado el mejor fotógrafo de la historia, ha coincidido sin buscarlo con aquella sentencia, en su frase: «La verdad sólo surge cuando están en el mismo punto de mira el ojo, el corazón y la mente». Los niños de la guerra El concurso anual de fotoperiodismo más famoso del mundo, el World Press Photo, de Amsterdam, lleva sus tres últimas ediciones premiando como tema el dolor, la muerte o el infortunio de un niño. Se explica que un grande mundial de la fotografía, Sebastiao Salgado, expusiera hace unos años en Compostela -en el Palacio Gelmírez- sus fondos fotográficos sobre los niños víctimas de la guerra. Y que un gran fotógrafo español, Gervasio Sánchez, exponga ahora su muestra Los niños de la guerra en el Aula de Caixanova, hasta el día 25. Sánchez es el «más difícil todavía» del periodismo gráfico: trabaja por libre y, además, ha sido corresponsal de guerra hasta quince sucesivos conflictos armados. Actualmente, las Declaraciones de Derechos Humanos y el Derecho Humanitario Internacional tienen que luchar para que no se reclute en los conflictos armados a niños soldados, considerándolo un crimen de guerra. Y, por otra parte, desde la aprobación de la Convención de los Derechos del Niño (1989), más de veinticuatro millones de niños han sido asesinados en contiendas. Natura-Art Rita Lima expone en la Casa da Xuventude hasta el día 16, bajo el título Art-Natura . Natural de Tomiño (Pontevedra) y residente en Porriño, se dedica al arte, como autodidacta, aunque ya a los nueve años se inició en la materia frecuentando el taller del pintor catalán Francesc Serra. Su muestra suma pintura, fotografía y escultura y va precedida por el poemario Alas blancas . Entre la exposición en sí y el poemario media un óleo titulado como el libro, que, según su leyenda, «presenta la inocencia de los niños frente a los daños y desastres ecológicos». Porque Rita Lima es ecologista militante en el arte. Por eso, también, otro de sus lienzos, el autorretrato La niña que hablaba a los pájaros es un homenaje a Munch, el famosísimo pintor de El grito . Precisamente en esa obra, recoge una frase de este artista: «Solo, temblando de angustia, sentí el grito basto, infinito, de la naturaleza».