Denuncia, perdón y silencio

Pepe Seoane OURENSE

OURENSE

PILI PROL

El fiscal mantiene una acusación por amenazas en el ámbito familiar, aún cuando la presunta víctima, madre del imputado, no llegó a confirmarlo en juicio

01 abr 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

Los estudiantes de Derecho que ayer asistieron a la vista oral de un caso de amenazas han podido aprender, en menos de una hora, cómo funcionan las cosas en el delicado terreno de la violencia familiar. El episodio, cuya última palabra corresponde ahora a la magistrada titular del juzgado de lo Penal número 1 de Ourense, Ana Blanco, muestra una mecánica que es frecuente en este tipo de sucesos: denuncia, perdón y silencio. El fiscal apuró el caso hasta el límite, dejando claro que su actuación en estos sucesos se orienta a la defensa del sosiego y la tranquilidad familiar, y el abogado defensor reclamó una sentencia absolutoria por falta de pruebas, dado que la víctima no llegó a confirmar en el juicio lo que, en este caso, se queda en un supuesto delito de amenazas. El origen del procedimiento hay que buscarlo el 11 de noviembre de 2001. Aquel día, según sostiene el fiscal, el acusado E.M.G., de 31 años, profirió insultos y amenazas de muerte a su madre, que sobre las once de la noche regresaba al domicilio familiar en Xinzo de Limia. Según el representante del ministerio público, en base a una primera declaración que la víctima prestó ante la Guardia Civil de Xinzo a raíz de aquel incidente y que ayer no llegó a confirmar, pues la mujer rehusó la posibilidad de declarar, el acusado también colocó una navaja en el cuello de su hermano, de 44 años, cuyas facultades mentales están mermadas como consecuencia de un derrame cerebral sufrido hace algunos años. Mala memoria La versión inculpatoria de los hechos, sustentada en la declaración de la mujer ante la Guardia Civil, cuya lectura solicitó el fiscal, no encontró eco en las presuntas víctimas: ni en la madre, que no quiso declarar, ni en el hermano, que en varias ocasiones respondió a las preguntas con escuetos no recuerdo , que casi siempre coincidían con aquéllas que podían comprometer al imputado. El acusado presentó los hechos de otro modo. El fútbol, y no el alcohol, había sido la causa de la disputa. Su hermano y él tenían simpatían muy alejadas: uno, del Madrid; otro, del Barça. Discutiendo los encontró su madre cuando regresaba de visitar a su marido, fallecido y entonces hospitalizado. Hubo tensión, como admitió el inculpado, pero no insultos, ni tampoco esgrimió navaja. Vivir con su hermano, dijo el acusado, resultaba a veces muy difícil, pero lo quiere por la vida.El fiscal, Julián Pardinas, llamó en su informe la atención sobre la dificultad que entraña para la Justicia la persecución de los delitos que se cometen en el ámbito familiar, cuando no existe colaboración por parte de las víctimas, algo que, subrayó, «no es un comportamiento extraño», sino, por el contrario, frecuente. De todos modos, en su opinión, aún cuando la acusación no pase de ser testimonial, sin que se consiga la censura de malos tratos, amenazas, o el delito que sea, los autores «han de llegar al banquillo». Por lo menos, un escarmiento. Oratoria El defensor, verían los alumnos, supo estar a la altura. Con evidente retranca, Juan José Vázquez felicitó al fiscal por su brillante oratoria y aplaudió su actuación, por mantener la acusación, dijo, pese a la ausencia de prueba. Atrás había dejado otra muestra de reflejos: el fiscal pidió a la jueza que leyese la declaración de la víctima cuando denunció las amenazas y él solicitó que también se diese cuenta de su posterior comparecencia en el juzgado de Xinzo, tiempo después del incidente, para pedir que se levantase la medida cautelar que impedía a su hijo acercarse a casa. Ya lo había perdonado. Como tantas veces ocurre. El fiscal, a la vista de los testimonio, retiró la propuesta de prohibición al acusado de acercamiento al domicilio materno, o a un radio inferior a cincuenta metros, pero mantuvo la solicitud de seis meses de prisión. El defensor pidió la absolución. Al margen de lo que decida la magistrada, los universitarios han podido asistir a una clase donde la realidad se les ha mostrado tal cual es, con un amplio abanico de prototipos.