Un curso de danza del vientre ha atraído la atención de varias decenas de ourensanas La Casa da Xuventude es el escenario de esta novedosa actividad
11 ene 2003 . Actualizado a las 06:00 h.A Treinta y cuatro ourensanas se han apuntado a una tendencia que -todavía- no es moda gracias a una joven alemana, Natalie Bax, especialista en baile oriental. Imparte clases de danza del vientre en la Casa da Xuventude y su iniciativa ha tenido éxito: hay lista de espera para apuntarse al curso. Apenas unos cuantos carteles en este edificio y en el campus universitario han derivado en una más que aceptable participación. Y es que no todo iban a ser gaitas, muiñeiras o aerobic. Hacen falta pocas cosas para practicar este tipo de baile: llevar ropa cómoda aunque ajustada para que la profesora pueda comprobar que los ejercicios de las alumnas son los correctos; estar descalza; atarse un pañuelo que marque el movimiento de las caderas... Y fundamentales son las grandes dosis de deshinibición y sensualidad. Mallas y cedés Natalie imparte sus clases en la última planta de la Casa da Xuventude. Llega allí cada lunes y viernes por la tarde, armada únicamente con unas mallas y un buen número de cedés de música oriental específica para este tipo de baile, probablemente los que ella empleaba cuando era la alumna en esta disciplina que prefiere definir como baile oriental. Y es que, dice, es mucho más que danza del vientre. Natalie habla de un problema de concepto. De una mala interpretación a la hora de traducir. Porque en el baile juegan un papel más importante las caderas que el vientre. De hecho, transmite a sus alumnas la importancia de las piernas. en concreto de las rodillas. En ellas se centra la técnica. Las ourensanas que bailan -o al menos, están en ello- la danza del vientre son eminentemente jóvenes, de entre 18 y 30 años. Aunque también las hay que superan esa edad. Es un espectáculo, pero también forma parte de un determinado tipo de folclore. La música es fundamental en este baile -como en todos- y ese rumor cercano a Las mil y una noches derrocha sensualidad y diversión al mismo tiempo. Ourense recoge esa sensación.