Dicen que es difícil explicar con palabras la experiencia que supuso este viaje a Guatemala. Los cuatro jóvenes comentan, apoyándose unos a otros con gestos, las diferentes anécdotas vividas. Entre ellas el impacto que supuso adaptarse a su cultura, predominantemente machista. Pero también, y ante todo, expresan con palabras y a través de sus rostros su agradecimiento al cariño y alegría recibida por parte de todos los habitantes de las aldeas. Desde su recibimiento, estilo Bienvenido Mister Marshall, hasta el trabajo realizando censos casa por casa y trasladando una por una grandes tuberías a través de empinados montes,-como deportes de alta montaña-, suponen para estos cuatro jóvenes motivo de agradecimiento hacia sus anfitriones. Muchos sentimientos Pero las anécdotas van más allá, miles de ellas, miles casi diarias que no son capaces de resumir en una conversación. «Tenemos tantas cosas en la cabeza que no sabemos por donde empezar, si no nos preguntan por cosas concretas», es el sentimiento de estos cuatro jóvenes. Desde la alimentación -incluso alguno de ellos acompañaba a las familias a vender productos del campo a la feria- hasta el hecho de tener que acudir al río para lavarse o hacer cualquier tipo de labor doméstica. Pequeños actos diarios que se quedaron grabados en sus retinas, según cometan, para siempre.