Los gaiteiros de A Veiga hicieron posible que las cumbres de los montes de Pena Trevinca fuesen acunadas por primera vez con la dulce música de gaitas y panderetas
02 sep 2002 . Actualizado a las 07:00 h.Dos horas de camino desde el Pico Maluro La hazaña no fue una tarea fácil. Los gaiteiros y sus acompañantes tuvieron que enfrentarse el domingo a la difícil tarea de caminar algo más de dos horas a pie desde el Pico Maluro, a 1.935 metros, hasta alcanzar la cumbre, situada a 2.127 metros de altitud. Una idea que nació en Vilanova En esta aldea del municipio de A Veiga surgió esta iniciativa organizada por el establecimiento de turismo rural O Trisquel y el Concello. El periplo empezó en A Veiga. Parte de la comitiva salió de allí sobre las diez de la mañana. Les esperaba un viaje en coche hasta Vilanova y otro en todo terreno hasta el Maluro. Luego, la andaina _cargados con agua, el bocadillo y gaitas y panderetas_. A las tres y media, concierto y por la tarde el regreso con parada en Vilanova para tomar unos refrescos. Dos intrépidas montañeras Hasta la cumbre de Trevinca subieron 43 personas. Pequeños y mayores. El más joven, de ocho años, y la mayor María Fernández, de 78. A María la acompañaba Jovita Prieto, de 77. Dos vecinas de Vilanova que no quisieron perderse el evento. Ambas pastorearon durante años las vacas en estos montes, pero ninguna de las dos había subido nunca tan arriba. Los años no las amedentraron y una de ellas hasta llegó destacada en los primeros puestos. Eso sí que es estar en forma. Una emoción indescriptible Más de uno no pudo contener la emoción al oir la gaita en lo más alto. Era la primera vez que un grupo emprendía esta tarea y dejaba que el viento bañase con estas notas la montaña. El próximo año esperan repetir. En esta ocasión, la fiesta incluyó un concierto y hasta un pasacalles con unas impresionantes vistas. Esta vez los bombos quedaron en casa y sólo subieron panderetas y gaitas, por aquello del exceso de peso y las dificultades de la ascensión. Estos intrumentos bastaron para interpretar un repertorio de piezas tradicionales que hicieron las delicias del público. Y es que hay caminatas únicas como ésta.