Los responsables de la educación infantil prefieren mantener su independencia y renuncian a ayudas oficiales La mayor parte de las escuelas infantiles de la capital ourensana son de titularidad privada y se financian exclusivamente a través de los pagos de los padres que llevan a sus hijos. Es el caso de la guardería Colorines, que se encarga del cuidado de niños desde que éstos empiezan a andar hasta que cumplen tres o cuatro años. Para este centro, dirigido por tres socias, resulta muy difícil acceder a las subvenciones que otorga la Xunta, no sólo porque los requisitos exigidos son difíciles de cumplir, sino porque acceder a ellas supone perder una parte importante de independencia que caracteriza a estos centros.
20 oct 2001 . Actualizado a las 07:00 h.«Hasta ahora nunca hemos podido acceder a las subvenciones porque no podíamos cumplir con los requisitos, además la Xunta se metía en el régimen interno del centro, incluso solicitando información sobre las nóminas de los padres y la selección de unos u otros niños. A nosotros eso no nos gusta y tampoco a los padres de los niños que vienen aquí», afirma Rosa Martínez, una delas socias de Colorines. En lo que respecta al ajuste a la normativa legal, esta profesional señala que hubo un antes y un después del incidente en la guardería Dinky de Vigo. «Desde que sucedió nos obligaron a que todos aquellos cuidadores que no hubieran hecho la carrera de Magisterio realizaran un curso denominado de habilitación, subvencionado por la Xunta de Galicia», explica. También las inspecciones se han hecho más intensivas, sobre todo en aquellos centros que tienen comedor, y, tal y como señala Rosa Martínez: «Cada año la ley nos exige nuevos requisitos en materia de instalaciones que no podemos dejar de cumplir». Enchufes, luces, puerta de seguridad y un largo etcétera. Todo debe estar en regla para que existan todas la garantías de que no ocurrirán accidentes.