Una treintena de niños son acogidos temporalmente merced a un programa de Cruz Vermella y la Xunta Son familias de fin de semana, personas de diferente estado civil, extracción social y profesión que han decidido convertirse en padres temporales. Son los miembros de los 41 hogares que en la provincia de Ourense están inscritos en el programa de Cruz Vermella de familias acogedoras. Su cometido es dar apoyo, compañía y calidez humana a niños y jóvenes que, por diversas circunstancias, no pueden vivir habitualmente con sus padres biológicos. No es una adopción, simplemente un acogimiento.
14 may 2001 . Actualizado a las 07:00 h.Durante el pasado año 2000 desde Cruz Vermella se gestionaron 32 nuevos acogimientos de menores. En años anteriores -el programa comenzó a desarrollarse en 1996- se habían realizado 59. El «banco» de familias de que dispone la organización no gubernamental es de 41. Estos padres y madres temporales son los verdaderos artífices de un proyecto fundamentado en la solidaridad. El programa nace fruto de un convenio entre Cruz Vermella y la Xunta, explican responsables del servicio. Los protagonistas de este programas son «nenos que, por determinados motivos, non poden estar coa familia biolóxica. Cando un neno ten que pasar en protección ao servicio de menores, por ter recibido malos tratos ou, simplemente, porque os seus pais non poden atendelo, o servicio de menores decide que medidas se toman con ese neno». Si puede ser acogido por la denominada familia extensa -tíos, abuelos...-, ésa es la opción preferente. Si no es posible, existen dos alternativas: un centro o una familia ajena. Los niños que participan en el programa de familias acogedoras pueden incorporarse al nuevo núcleo directamente desde su familia biológica en situaciones de urgencia o puede proceder de un centro. En cualquier caso, un extremo debe quedar claro, apuntan desde los organismos promotores: el acogimiento temporal no es una adopción ni un paso previo en ese proceso. Es, simplemente, una oportunidad para la convivencia, «non un atallo para ir á adopción». Para muchos chicos que viven en residencias de menores el programa es un alivio en la rutina diaria. Salir del centro durante un fin de semana o en vacaciones para compartir con una familia unas horas de su vida suele ser una experiencia gratificante. Y para los «padres», mucho más.