Ahora está de vacaciones, como todos los chavales. Mucho mar del Orzán, mucho paseo por la ciudad, redes sociales, chuches y refrescos, pachanguitas en la plaza. San Juan, Feria Medieval, Noroeste, Viñetas desde o Atlántico, un eclipse total, Basket Coruña y forza Dépor. A él un club coruñés le ha empezado a poner ojitos, que emoción. Tiene unos cuantos amigos, no hace falta tener muchos, solo hace falta que sean buenos. Y los suyos lo son, le arroparon desde el primer día que cruzó las puertas del instituto Rafael Dieste, un chaval sin familia, un chaval que huyó de una guerra civil y atravesó el océano solo, que arribó a la costa canaria con una camiseta y un bañador. Hoy planea su futuro, las experiencias del próximo curso, qué quiere ser de mayor, cómo puede ser su vida.
Solo ha pasado un año.
Esto es lo que se logra cuando la comunidad es hospitalaria, las administraciones colaboran y las organizaciones hacemos lo nuestro, que es gestionar los recursos con cariño, eficacia y responsabilidad. Tres factores que, si se conjugan con la excepcional responsabilidad de unos niños cuyo bagaje vital da para varios tomos de memorias, producen algo que ni es magia ni es ciencia: es sentido común. Ese sentido común que no abunda entre quienes odian la realidad, quienes azuzan la violencia, quienes rechazan lo mejor que tenemos en nuestros barrios: la hospitalidad, la comprensión, la curiosidad, la ilusión por el porvenir.
En Ecos do Sur lo estamos viviendo. Desde hace apenas 11 meses acompañamos a 14 menores de Mali que han pasado la mayor parte de sus existencias en medio de un conflicto armado. Cuando escuchan lo malo que algunos dicen sobre ellos, sin conocerlos en absoluto, no saben si llorar, enfadarse o empezar a dudar de si mismos. Lo que hacen es seguir adelante, con la cabeza alta y la vista fija en el futuro que ya se les acerca.
Ahora mismo, en Ceuta, 500 niñas y adolescentes duermen en un polideportivo, bajo un techo precario de plástico azul y telas estampadas. Algunas no tienen familia, otras han escapado de situaciones de violencia, guerra o abuso que impiden su retorno. Seguramente, los captores que se lucran con la trata y la explotación sexual ya las están acechando, como hicieron en el 2022 con tantas jóvenes que escapaban de Ucrania.
Quizás estas niñas hoy no sepan qué decirte si les preguntas qué quieren llegar a ser cuando crezcan. Dentro de un año, cuando las veas pasar por el barrio, ir al instituto, vivir sus vacaciones igual que todos los chavales, vuelve a preguntarles. Ten por seguro que entonces, si cada uno hemos hecho lo que nos toca —arropar, coordinarnos, gestionar—, habrá una respuesta rotunda, una sonrisa y un plan de futuro.
Más información Natalia Monje es portavoz de Ecos do Sur.