Cuando el PSOE y el PP se entienden

Fernando Hidalgo Urizar
Fernando Hidalgo EL DERBI

OPINIÓN

Alfonso Rueda y Pedro Sánchez, durante un encuentro en la Moncloa.
Alfonso Rueda y Pedro Sánchez, durante un encuentro en la Moncloa. VÍTOR MEJUTO

Galicia está cerca de alcanzar un hito industrial del más alto nivel con la posible llegada de la fábrica de SAIC. La factoría china producirá vehículos MG, tantos como 120.000 al año cuando esté en su punta máxima de producción.

Sin duda, cuando se haga realidad este proyecto —con estas cosas siempre hay que tener cierta prudencia—, será un bombazo en una comarca que por los sufrimientos pasados bien se merece una gran alegría. Generará empleos directos e indirectos, revitalizará todo el lugar, atraerá otras empresas y aumentará la renta per cápita de la zona.

Pero este proyecto trae consigo otra gran noticia. El hecho de que en el proyecto hayan ido de la mano el Gobierno central y el autonómico no es algo que ocurra todos los días. Tanto Pedro Sánchez como Alfonso Rueda han puesto todo de su parte para que esto saliera adelante. Y de momento no estamos observando ninguna gresca política, más allá de inocentes comentarios por ver quién se atribuye el éxito. Nadie del PSOE ni del PP ha irrumpido con salidas de pata de banco. Es decir, que tanto el presidente del Gobierno como el de la Xunta se están limitando a defender el bien común de sus ciudadanos y no el de sus partidos, como está siendo el pan nuestro de cada día en el devenir de este país llamado España.

Incluso el papel del BNG está marcado por la prudencia. No es que haya explicitado una gran alegría por la noticia, pero tampoco ha salido en tromba a torpedearla. Su posición es que estudiará a fondo el proyecto en la medida que vaya aflorando la información. Nada anormal en un partido que lidera la oposición y que tiene la obligación de fiscalizar a los que toman las decisiones.

A nadie le cabe duda de que el Bloque no va a aplaudir este logro. No aplaudirá nada que no venga de su mano, pero ya es un triunfo que de partida no hayamos asistido a declaraciones altisonantes contra la implantación de una instalación semejante. Es cierto que, de alguna manera, sería absurdo oponerse a la llegada de una industria a un territorio que ha sido eminentemente industrial durante tantos y tantos años.

Si todo sigue como hasta ahora es más que probable que el proyecto acabe por desarrollarse y llegue a buen puerto. Entonces, habrá que otorgarles a nuestros dirigentes los méritos a los que se han hecho acreedores, y a la oposición el suyo por jugar su leal papel de manera responsable.

Cuántas cosas se podrían hacer en Galicia y en España si los políticos olvidaran sus luchas partidarias y se dedicaran a cumplir con su obligación de mejorar la vida de las personas. Cuánto mejor funcionaría todo si nos olvidáramos de una vez de la política ruin y mezquina que solo destruye tanto el presente como el futuro y nos hace más pequeños como pueblo. Es increíble, pero hemos llegado a un punto en el que es noticia relevante que los dos líderes de los principales partidos no solo no se pisen la manguera el uno al otro, sino que además colaboren para que sus ciudadanos, a los que se deben, tengan trabajo, ganen mejores sueldos y, en definitiva, vivan mejor.