Una de las cosas más interesantes del proceso abierto contra Zapatero tiene que ver con los nombres. A veces hay pistas sutiles que descuidamos y que el tiempo convierte en agentes anticipadores. Está, por una parte, Análisis Relevante, la consultora del compañero de trote de ZP que palpita en el corazón de la causa. Insinúa una vocación clínica en el responsable del bautismo y, quizá, un diagnóstico perturbador. En el centro de la madeja figura también Inteligencia Prospectiva, la empresa que pagaba a las niñas Zapatero a pesar de estar en pérdidas y en una supuesta sede en el Paseo de La Habana que no era sede ni ná. Su nombre desvela una confianza notable en el olfato de sus promotores para anticiparse al futuro, virtud de la que, a la vista de los acontecimientos, carecían.
La mejor, sin embargo, es What The Fav, entre el chiste insuperable y la autoinculpación. Es la empresa de Alba y Laura Rodríguez Espinosa, y preferimos pensar que el nombre es un atapuerca, un resto lingüístico arqueológico de la adolescencia de las criaturas, esa época en la que nos hacen mucha gracia marcas como Pasta Luego o Beer para Creer. Ahora, leído en un titular a cinco en medio de lo que parece un caso grave de corrupción, contamina todo el asunto y lo aproxima a una aventura de Mortadelo, cuando a nosotros nos hubiese gustado estar en una de Ian Fleming.
De las aportaciones lingüísticas del caso Plus Ultra la más eminente es el latinajo que daba nombre a la compañía aérea rescatada y origen de todo el follón, una expresión que fue marca de Carlos I tras llegar América y que acortaba la original Non terrae plus ultra con la que los antiguos fijaban los confines del mundo, a la altura más o menos de Fisterra. Esa ambición trasatlántica parece que fue la soga de ZP. En cualquier caso, mucho mejor un plus ultra que ese inenarrable What The Fav.