Galicia no es Marbella
OPINIÓN
Ya han transcurrido casi diez meses desde que, el pasado 1 de julio del 2025, tuvo lugar el traspaso de funciones y servicios de la Administración del Estado a la Xunta de Galicia en materia de ordenación y gestión del litoral. Y nos consta, es justo decirlo, que ha sido un gran esfuerzo el desarrollado por parte de los servicios y el reducido personal de la Xunta para asumir los trabajos de gestión de centenares de expedientes sobre la costa gallega, la más extensa de España.
Somos la quinta comunidad autónoma —a la par que el País Vasco— en asumir dicho traspaso desde que Cataluña asumiera las mismas competencias en el 2007, luego Andalucía en el 2011 y, posteriormente, Canarias en el 2022 y Baleares en el 2023. Por lo tanto, Galicia se merecía asumir como propia esta responsabilidad para la ordenación de su litoral, y, para tal fin, se dotó, en el 2023, con una Ley de Ordenación y Gestión Integrada del Litoral que tuvo que superar —por la impugnación del Estado de buena parte de su contenido— el control de constitucionalidad ante el Tribunal Constitucional, que acabó ratificando la regularidad de casi todos sus artículos.
La nueva ley no permite hacer cualquier cosa en nuestra costa y su mar territorial. Está orientada bajo los más exigentes principios de protección ambiental y para el uso racional de sus recursos naturales. Pero, al mismo tiempo, permite desarrollar todos aquellos sectores estratégicos vinculados a la economía azul que han caracterizado, desde hace siglos, la peculiar identidad de Galicia y de sus gentes. La pesca, la acuicultura, el marisqueo —y todo el resto de la cadena mar-industria alimentaria—, el turismo sostenible, la industria naval y la cultura marítima son algunos de nuestros mejores valores, que es preciso seguir promoviendo para el progreso de Galicia. Actividades todas ellas que deben desarrollarse con el máximo respeto hacia nuestro extraordinario patrimonio natural y paisajístico, a lo largo de más de 2.500 kilómetros de litoral, y previendo, además, los efectos del cambio climático que ya se perciben.
Se trata de una imponente —pero apasionante— tarea que todos debemos abordar, como decimos en Galicia, con sentidiño. Sentidiño, en primer lugar, por parte del Estado, que sigue siendo el titular (como propietario responsable) del dominio público marítimo-terrestre y que debe velar por que no se ponga en peligro la integridad del mismo, pero que, a la par, debe respetar la legítima autonomía de Galicia en la gestión y ordenación de su litoral. Un sentidiño que no parece acompañar su actual intento de reformar —una vez más— el reglamento de Costas, sin modificar previamente —como sería debido— su normativa legal.
Sentidiño por parte de la Xunta, para continuar asumiendo la gobernanza del litoral como un quehacer conjunto de todos sus organismos implicados y con la colaboración de toda la sociedad gallega y sus instituciones. Y con la voluntad para desarrollar —como sabemos que está intentando— todos los instrumentos y herramientas necesarias para lograr la máxima sostenibilidad ecológica, económica y social de nuestro litoral.
Y sentidiño por parte de toda la sociedad gallega. Los que disfrutamos de nuestra privilegiada posición geográfica abierta al Atlántico y al Cantábrico, y los que gozamos de sus bellísimos y variados paisajes marítimos, los que dependemos de sus recursos marinos y los que desarrollamos ocupaciones marítimas, y los que trabajamos en el litoral y para su protección y por la restauración de sus espacios más degradados. Todos los que soñamos un futuro prometedor y resiliente para nuestras rías y nuestros espacios costeros, con la ayuda, el conocimiento y la colaboración y esfuerzo colectivo de todos. Y con una gestión pública integrada y sostenible de nuestro litoral, en la que vayan del brazo —con verdadera lealtad— todas las instituciones competentes (Estado, Xunta y entidades locales), con independencia de sus colores y filiaciones políticas. Una visión de futuro en que todos ganamos, tan alejada de una insostenible marbellización como de una utópica y solitaria Arcadia.
Es conocida la expresión: «Galicia non se entende sen o mar». Pero yo me atrevo a concluir que cuidar nuestro litoral es proteger Galicia, lo mejor y lo más propio de su esencia.