¿Por qué no volvimos a la Luna?

Borja Tosar ASTROFÍSICO

OPINIÓN

Despegue de la nave espacial Orion de la minisón Artemis II
Despegue de la nave espacial Orion de la minisón Artemis II Bill Ingalls | EFE

02 abr 2026 . Actualizado a las 13:58 h.

Una de las preguntas que más nos hacen a los astrofísicos: ¿Por qué no volvimos a la Luna? Y aunque alunizamos cinco veces más, es cierto que desde el Apolo 17 en 1972, hace más de 50 años, no volvimos. No volvimos porque los viajes a la Luna eran una competición entre Estados Unidos y la Unión Soviética; llevar gente a la superficie de nuestro satélite era la meta para demostrar qué sistema político era el mejor. Al alunizar, los americanos ganaron y ya no había excusa para seguir pagando las gigantescas facturas que llegaban desde el programa espacial, por eso no volvimos. En economía y política, hay muchos indicadores para poder comparar países: el PIB, el IPC, la inflación, la tasa de paro... ¿Por qué la carrera fueron los viajes a la Luna? Porque es lo más difícil que podemos hacer los humanos; es la mayor empresa posible, perfecta para dos superpotencias queriendo demostrar algo. Hoy volvemos por otra carrera entre Estados Unidos y China. En la última década, China ha demostrado la capacidad de su programa: ha construido una estación espacial, ha enviado sondas a la Luna, incluyendo la cara oculta, y también están en Marte. China quiere hacer un alunizaje tripulado en 2030; algunos creemos que van bien y van a conseguirlo.

Pero puede que esta carrera sea diferente, puede no ser solo una demostración. La meta ya no es solo la Luna, sino su Polo Sur, donde hay unas pequeñas áreas ideales para establecer una base permanente. Son las cimas del cráter Shackleton, donde hay acceso a los dos recursos imprescindibles para tener una base: la energía, a través de paneles solares, y el hielo perpetuo de los cráteres lunares. El que llegue primero cogerá la mejor parcela y no hay muchas buenas, apenas un par. Una vez establecidos, la próxima meta serán los asteroides; la baja gravedad lunar permite acceder a estos cuerpos de forma mucho más eficiente que desde la Tierra. El interés en este caso pasa a ser ya el acceso a recursos valiosos; en la superficie de los asteroides abundan las tan cotizadas tierras raras, que son la base de la tecnología de nuestra civilización. Quien primero tenga minería de asteroides tendrá abundancia de estos elementos con los que poder hacer muchos centros de datos para IA, robots y, en general, todo lo necesario en tecnología, poseyendo una ventaja importante contra otras naciones que tengan que seguir explotándolos en la Tierra. 

Quizás, en este caso, no sea una demostración, sino una consecuencia; puede que el primero en establecerse en la Luna se convierta en la nación más poderosa ya no de la Tierra, sino del sistema Tierra-Luna.

Pero esta noche lo que llena mi cabeza al ver el lanzamiento es la aventura. Cuatro personas subidas a lomos de casi mil toneladas de combustible, ardiendo bajo el control de un cacharro con miles de piezas móviles, soportando cuatro veces el peso de su cuerpo en una aceleración antinatural, para ir a otro mundo, no hay aventura más grande. ¡Buen vuelo!