Mujeres que nos multiplican. Así es. Sin ellas, no existiríamos. Ellas nos dan a luz y muchos de nosotros solo les traemos la oscuridad. Algunos miserables lo hacen a golpes. Ellas, que son las que nos dan la vida, se cruzan con asesinos que se la quitan. Es un desastre. No llega con la vigilancia. Hace falta dinamitar la educación machista, esa lacra. Hasta el lenguaje está contaminado, minado. Algo estupendo es algo cojonudo. Algo pesado es un coñazo. Hay mil ejemplos de este envenenamiento de los diccionarios, de esta intoxicación de las palabras. Mujeres que se multiplican. En el trabajo. En casa. En la amistad. En el amor. En el dolor. En los hospitales. Mujeres. Ellas son las que visitan a los enfermos. Las que están al pie de la cama. Las que van a la residencia: llueve o truene. Mujeres que atienden al hijo, al nieto, al marido incapaz, al padre envejecido. Lo hacen con un pie en el trabajo y otro en la casa. Mujeres, menos mal que existen.
El 8M debía ser todos los días, todas las horas, todos los segundos. Sin ellas, no somos. Somos menos y peores. Pero no hay avances. Las mujeres siguen siendo chistes. O peor. Algunos creen que una mujer es su objeto. Es una finca, su finca. Un lugar con el que pueden hacer lo que les dé la gana. Lo mejor de mi vida me lo dieron las mujeres. Pero nosotros hacemos como que no las vemos, como que no nos enteramos muy bien. Somos crueles, hasta los que pensamos muy ufanos que no lo somos. Los que creemos que ayudamos. Ayudamos a estorbar. El verbo nos delata. No hay que ayudar con los hijos. Los hijos son de los dos. Pero no. Nos borramos enseguida.
No sé cómo sobreviven las mujeres junto a una especie invasora como la del hombre. No lo entiendo. Ellas pueden con todo. Y encima tienen tiempo para sonreír. Son las que socializan. Las que crean grupos que avanzan. Las que están cuando nadie aparece. Las mujeres llevan de serie la empatía. Sin empatía, no hay sociedad. Las necesitamos siempre y para todo. Es verdad que si tuviésemos que parir nosotros, nos habríamos extinguido hace siglos. Cierra los ojos. Sé valiente, aunque seas hombre y date cuenta de que el mundo avanza gracias a ellas. Ellas son las pioneras, las innovadoras. Ellas gobiernan mejor que nosotros. Llegaron tarde, tardísimo, a los estudios, a las universidades, y ya nos arrasan. Probaron las ciencias y están revolucionando los laboratorios, los experimentos, los hallazgos. Pasa hasta cuando aparece la muerte en un hogar de esos de toda la vida. El viudo, cuando ella fallece, es un ser inerte, una planta que no sabe qué hacer con sus manos. Son las hijas las que acuden al rescate del viudo. La viuda, sin embargo, resucita. Sigue en esa multiplicación femenina y plural y continúa con su vida, ayudando, como solo saben hacerlo las mujeres.
Anda. Sé persona. Vuelve a cerrar los ojos. Las ves. En la tierra y en el cielo. Son lo único importante que te ha pasado. No lo dudes, ni una milésima. Sentido, sensibilidad y fortaleza. Y nos dedican canciones con razón: rata inmunda, animal rastrero, para tipos como tú, perdón, ya cogí otro avión, terrorista emocional, ladrón de paz.