Guerra, energía y economía

Manuel Pazo PRESIDENTE DE LA ASOCIACIÓN EÓLICA DE GALICIA

OPINIÓN

Un vaca cerca de un parque eólico de Galicia.
Un vaca cerca de un parque eólico de Galicia. Carlos Castro | EUROPAPRESS

09 mar 2026 . Actualizado a las 17:34 h.

Ucrania, Venezuela, Groenlandia, Afganistán, Irán… Las tensiones geopolíticas y las guerras se suceden sin fin, siempre con un trasfondo vinculado a la economía energética. Vemos cómo el petróleo y el gas, combustibles fósiles y altamente tóxicos y contaminantes, permanecen como madre de todas las batallas. Con el cierre del estrecho de Ormuz, por donde pasa hasta el 20 % del crudo mundial, los precios del barril de Brent ya han comenzado la escalada. La gasolina 95 andaba por debajo del euro y medio, veremos cuánto tarda en superar los dos euros el litro. Pero el gas ya se ha disparado hacia el 40 % de subida. Más elocuentes no pueden ser los datos. Y seamos conscientes de que, tras el cierre de las térmicas, nos hemos hecho drogodependientes del gas.

Los países o territorios antes mencionados están en el foco de las hostilidades, ya bélicas, ya diplomáticas, en la presente década. Un tiempo que coincide aproximadamente con el frenazo sufrido por el sector eólico a raíz de la judicialización de la práctica totalidad de los proyectos, cerca de un centenar de nuevos parques, que supondrían alrededor de 4.000 MW; es decir, la misma cantidad de potencia instalada en Galicia en los últimos treinta años.

¿Y ahora qué hacemos? Surrealista es la coyuntura en bucle de la que no salimos ni a tiros, como dice el refrán. Porque la guerra contra Irán traerá unos costes más elevados sobre el transporte, la logística, el turismo, las industrias electrointensivas… Y en nuestra comunidad sus efectos serán más acusados en la movilidad por carretera y por mar, influyendo negativamente en la pesca, el campo, la ganadería, la industria forestal, la distribución alimentaria… y, en definitiva, en la cesta de la compra y el coste de la vida.

Sin embargo, Galicia, que no tiene petróleo ni gas, posee recursos naturales y territorios adecuados para generar energías renovables; sobre todo la tecnología eólica, que tiene un enorme potencial a partir del viento, además de que contamos con toda la cadena de valor. Y recordemos que las fuentes limpias, verdes y sostenibles bajan los precios de la electricidad, abaratan la factura de la luz, como se acreditó una vez más este invierno de viento y lluvia.

Por otra parte, la Unión Europea se está viendo obligada a reforzar su identidad y, sobre todo, su independencia energética. Porque sin energía no hay vida, no hay nada, sería nuestra extinción. La energía es imprescindible para la propia existencia: el desarrollo económico, el bienestar social y la seguridad humana. La sociedad debe reflexionar y tomar conciencia de que hoy solo podemos hablar de energías renovables, porque es el único futuro viable para nuestra especie y el planeta. La oportunidad histórica de Galicia pasa hoy por desarrollar la energía eólica que tenemos paralizada. Ya es hora de avanzar.