Mugre impune

José Francisco Sánchez Sánchez
Paco Sánchez EN LA CUERDA FLOJA

OPINIÓN

El expríncipe Andrés de Inglaterra, tras ser arrestado el jueves en Londres.
El expríncipe Andrés de Inglaterra, tras ser arrestado el jueves en Londres. Phil Noble | REUTERS

21 feb 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

Parece imposible evitar que te alcancen: una foto, un correo electrónico o un vídeo de los documentos lanzados por la Administración Trump a los cuatro vientos. Aparecen por todas partes: aislados, compilados en antologías temáticas, en las redes y en los periódicos. Primero generan curiosidad, sobre todo los que se limitan a reproducir la desgraciada isla privada y sus instalaciones. Luego, empezando por las entrevistas a Epstein, generan asco: quizá porque ya se sabe cómo era, y se necesita cierto esfuerzo para aguantarlas más de un minuto. Ocurre algo parecido con las fotos de los habituales del avión Lolita, personajes que dan grima o pena, victimarios y víctimas. Pero si aparecen niños, a menudo con rostros a la vista, toda esa mugre sanguinolenta de hombres poderosos —a veces también mujeres— dejan de producir asco para encender la ira. No consigo entender esta operación.

¿Se trata de un típico ventilador para aventar la mierda y dejar manchado a todo el mundo? ¿O para dar como extendidos comportamientos que adjetivos como aberrantes o pervertidos no alcanzan a describir? Demoníacos sería la palabra más cercana. Un brasileño me dijo: «Mira, Paco, nosotros pecamos mucho, pero de modo natural, nada retorcido como los europeos». ¿Pretenden quizá invalidar futuras acciones judiciales al haber complicado desde la Fiscalía General el derecho a la defensa? Aquí no se podría hacer. Que le pregunten a nuestro anterior fiscal, que se ha dejado su vida en una filtración infinitamente menor.

Claro que, en Estados Unidos como aquí, siempre queda el recurso al indulto. Esa impunidad del poder alienta delitos depravados en los que ya lo tienen todo. En un príncipe, por ejemplo.