El velo: violencia e incluso muerte

Nilufar Saberi ACTIVISTA IRANÍ POR LOS DERECHOS HUMANOS REFUGIADA EN ESPAÑA

OPINIÓN

Mujeres con velo caminan frente a un retrato del ayatolá Ali Jamenei, en Teherán.
Mujeres con velo caminan frente a un retrato del ayatolá Ali Jamenei, en Teherán. ABEDIN TAHERKENAREH | EFE

20 feb 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

El velado (entendido como el hecho de cubrir con un velo el rostro para ocultarlo) de las mujeres tiene su base en la sexualidad, que no en la religiosidad. Es un tema de sobra conocido por la ciudadanía iraní, ya que, aparte de las leyes impuestas, desde hace cuarenta y siete años nos cuentan desde todos los medios propagandísticos del régimen el siguiente relato: uno de los rasgos predominantes con los que Alá ha creado al varón es un fuerte instinto sexual, necesario para traer al mundo cuanta descendencia sea concedida. El que ese instinto sea incontrolable es síntoma de salud del varón; cuanto mayor sea su salud, mayor será su apetito sexual. De ahí que, según nuestras autoridades, el matrimonio infantil y la poliginia estén bendecidos por Alá, permitiendo al hombre poseer a cuatro esposas mediante el matrimonio indefinido y cuantas desee mediante el matrimonio temporal (sighe), un contrato religioso que permite la unión afectivo-sexual entre un hombre y una mujer (o niña) por el tiempo acordado, que puede ir desde una hora hasta noventa y nueve años, en el que siempre debe determinarse algún tipo de intercambio material del varón a favor de la mujer.

El problema surge cuando el varón visualiza a una mujer que no le pertenece y se despierta en él ese irrefrenable instinto sexual. En estas situaciones puede haber varios escenarios, los más naturales serían los siguientes:

1.- Que el varón, haciendo uso de un autocontrol sobrehumano, no se deje llevar por su deseo y no busque la cercanía sexual con esa mujer de facto, pero sí lo haga en su imaginación, en cuyo caso ha pecado de pensamiento.

2.- Debido a su gran salud sexual, le es del todo imposible frenar su instinto natural y actúa en consecuencia, manteniendo relaciones sexuales con esta mujer por las buenas o por las malas.

Una vez aceptada y asumida la naturaleza del varón, hay que buscar la solución para evitar que los hombres se apoderen sexualmente de las mujeres ajenas. Es sencilla: en el caso de que la mujer tenga que aparecer en espacios públicos, hay que velarla. De este modo, ojos que no ven, corazón que no siente. Hay que minimizar la conciencia de su presencia ante los hombres, así que tampoco deben perfumarse, maquillarse, llevar adornos, ni zapatos que suenen al andar, pues por los pasos sonoros de la mujer habla el diablo.

Es así cómo la responsabilidad del comportamiento sexual del varón muta hacia nosotras, las mujeres. Aquellas que no accedamos a nuestro velado somos igual o más pecadoras que el varón por la reacción provocada en él, sea esta de pensamiento o de hecho.

Es significativo que solo tengamos la obligación de velarnos frente aquellos varones con los que nos podemos casar, primos incluidos, ya que su unión en matrimonio está bendecida por Alá. Tanto es así que, si mañana el mundo se despertara y hubieran desaparecido todos los varones, las mujeres ya no tendríamos que velarnos.