«Soy mujer y no necesito que me protejan»

OPINIÓN

Rodrigo Jimenez | EFE

30 ene 2026 . Actualizado a las 11:39 h.

La juventud

Gran parte de la sociedad española tiene un concepto de la juventud bastante negativa. Creen que los jóvenes solo quieren manifestarse para defender a la ultraderecha, y otros para luchar porque la izquierda tenga un papel importante y algo que decir. En las manifestaciones, unos y otros se dedican a romper escaparates y, de paso, arramblar con todo lo que ven en las tiendas. Pero no todos los jóvenes son violentos. Los hay que cuidan de sus padres, estudian sus carreras y hacen deporte en los ratos libres. Y por si esto fuera poco, viajan para colmar su ansia de conocer otras culturas y otras razas. Los jóvenes aman la paz con todas sus fuerzas, porque están cansados de escuchar a sus padres acerca de la contienda civil española. Tal es la inclinación de los jóvenes por poner de moda los valores olvidados, como la religión y el amor, que los padres están alucinando con estos hijos tan pacíficos y responsables que tienen. Joaquín Gil de la Peña. Cambados.

No les hemos dado permiso

¿A algún ciudadano le han pedido permiso para mandar sobre él o ella? A mí no, y no se lo he dado. Soy mujer y no necesito que me protejan. No necesito que obliguen a las empresas a contratarme aunque no valga para ello. No quiero que me digan cómo debo disfrutar de mi cuerpo, ni de mi sexualidad. No necesito que consideren que somos menos y que por eso necesitamos cuotas en empresas. No me van a hacer creer que las empresas son las malas, yo quiero empresas a las que poder llevar mi currículo y saber que me cogen porque valgo para el puesto. Nuria Roca Rey. Ferrol.

Polvos de Risketo y patriotismo de cartón

¿En qué momento esto dejó de ser una democracia para convertirse en una escenificación grotesca del poder? No es una discusión entre izquierdas y derechas, ni una guerra de ideas legítimas: es una vulneración clara y sostenida de los derechos humanos. Separar a niños de sus padres, encerrar personas por su origen, usar la crueldad como herramienta política, no es ideología, es barbarie, y la historia ya nos enseñó cómo termina ese camino. Estados Unidos no está inaugurando nada nuevo: lo hizo en el pasado, con la segregación racial y con leyes migratorias diseñadas para excluir.

Hoy ese pasado se actualiza con Trump como rostro y altavoz. No como anomalía, sino como síntoma de un país que se cree excepcional, por encima de las leyes internacionales y del resto del mundo. Un país que desprecia a Europa, caricaturiza a China, trata a Canadá como patio trasero y a México como sinónimo de crimen y pobreza. Todo envuelto en un relato simple, eficaz, infantil.

No es casual en una nación con más armas que habitantes, donde el poder sigue concentrado en una élite blanca y adinerada que se autoproclama «la verdadera América». Curioso para un Estado que tuvo un presidente negro y se convenció de haber superado el racismo.

Esto no es partidismo: es otro fascismo más en la actualidad, sin botas ni desfiles, disfrazado con polvos de Risketo y patriotismo de cartón. Y cuando la democracia permite que el odio se convierta en programa político, deja de ser democracia, aunque siga votándose. Coloma Campos Romero. Vigo.

Me alegro por ellos

En mi día a día me encuentro con personas que han venido de fuera, sin duda a mejorar su vida. Son personas encantadoras con las que comparto conversación un rato y celebro cuando me dicen que se encuentran a gusto aquí porque han encontrado muchas de las cosas buenas que tiene nuestra sociedad. Por ello me alegra tanto esta regularización masiva de quienes tenían problemas para establecerse en España. No me planteo argumentos técnicos, solo me da para empatizar con ellos y es suficiente con saber que esto les produce mucha felicidad. Me alegro de verdad por vosotros, bienvenidos y que nos sigamos encontrando en la vida, la buena gente nunca sobra. José Ramón Varela Nogueiras. Vigo.