Desafiar a los ayatolás es desafiar a Dios

Yashmina Shawki
YASHMINA SHAWKI CUARTO CRECIENTE

OPINIÓN

Dilara Senkaya | REUTERS

13 ene 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

Durante milenios el temor a la divinidad fue un instrumento de poder utilizado de manera sistemática tanto por la clase clerical como por la gobernante. ¿Quién puede atreverse a desafiar los designios del Todopoderoso? La vulnerabilidad del ser humano, la fe y el miedo al castigo divino han sido las armas más eficaces para controlar a las masas. Y parece que continúa siendo igual de útil a la vista de las declaraciones de algunos de los más altos representantes del régimen teocrático de Irán, quienes han afirmado que «aquellos que amenacen a Alí Jamenei —el líder supremo de Irán— serán acusados de llevar a cabo una guerra contra Dios y serán condenados a muerte». La identificación de Jamenéi con Dios justifica una amenaza tan irracional como desesperada.

Muchos se preguntan cómo es posible que los más de 92 millones de iraníes que viven bajo el tiránico régimen de los ayatolás no hayan logrado derrocarlo. El descontento de las dos generaciones de iraníes que solo han conocido la teocracia ha sido controlable gracias a unas brutales fuerzas de seguridad y a un asfixiante sistema represivo que prohíbe la disensión política e ideológica y mantiene a la mitad de la población sometida a un férreo control moral. Con 610.000 efectivos en activo y unos 350.000 en la reserva, Irán posee un ejército de casi un millón de soldados, el mayor de todo Oriente Próximo y Medio. Además cuenta con 260.000 policías. Pero, el grupo que realmente infunde terror en la población es el Cuerpo de Guardias Islámicos Revolucionarios. Creado en 1979 durante la Revolución Islámica para contrarrestar el poder del ejército —en aquel momento todavía leal al Shah—, está integrado por más de 150.000 personas que responden directamente a los ayatolás y son los que están disparando de manera indiscriminada contra los manifestantes que llevan más dos semanas saliendo a las calles pidiendo el fin del régimen. El terror impuesto por las fuerzas represoras y los servicios de inteligencia a la mayoría opositora y la ignorancia de la minoría que sigue creyendo en el sistema islámico es la combinación perfecta que ha garantizado la supervivencia del régimen hasta ahora.

Pese a la tragedia que supuso la guerra contra Irak de 1980 a 1988, ya que devastó por completo al país, y pese a las duras condiciones en las que este se sumergió después, debido a las sanciones internacionales, el régimen ha logrado mantener bajo control la disensión. Hasta ahora. Los arrestos arbitrarios, las desapariciones, las sentencias de muerte tras juicios sumarísimos sin ningún tipo de garantías, la actuación de la policía de la moralidad, etcétera son algunas de las prácticas que garantizaron la sumisión de los iraníes. Pero, 47 años de dictadura teocrática pueden estar llegando a su fin debido al descontento generalizado por las penurias económicas.

Los iraníes, herederos de grandes civilizaciones, ya no pueden soportar más ni la represión moral, política y social, ni la rampante corrupción, ni la pobreza, pero, sobre todo, ya no aguantan no tener dinero siquiera para comprar algo de pan.

En estos días, su lucha acaba de comenzar, veremos si esta vez son capaces de llegar hasta el final.