Lujua es un pequeño municipio vizcaíno conocido principalmente porque en sus terrenos se despliega la mayor parte del aeropuerto de Bilbao. Denominado en Euskadi como Loiu, apenas tiene 2.500 habitantes. El pasado domingo adquirió un protagonismo que asombró a los habitantes del lugar, con la aparición de unas pintadas en las que se insultaba al alcalde del municipio, Josu Andoni Begoña, del PNV. También se le conminaba a dejar el cargo («A la calle») y, lo que es peor, los artistas dibujaron una diana sobre su nombre.
El PNV obtuvo la mayoría absoluta en las últimas elecciones municipales con ocho concejales, seguido de EH Bildu, con dos, y el PP, con uno. La Junta de Portavoces del pueblo aprobó el lunes en una reunión extraordinaria una declaración institucional en la que «condena» los hechos «de forma rotunda y sin matices». «En Loiu no se admiten coacciones ni amenazas contra nadie, y menos aún contra personas que representan al conjunto de la ciudadanía y que han sido elegidas democráticamente», dice el escrito, que cuenta con el respaldo de PNV y PP. Pero, seguro que se sorprenderán ustedes, no cuenta con el refrendo de EH Bildu, a quien le debe parecer normal que se ponga en la diana no ya al representante elegido democráticamente por el pueblo, sino a un ciudadano que tiene derecho a vivir en libertad sin sufrir presiones ni amenazas.
En una información recogida por El Correo vizcaíno se pone de manifiesto que los mensajes amenazantes aparecidos en Lujua no son únicos. Según el diario, «a principios de este mes un policía municipal de Ondárroa sufrió pintadas en su vehículo particular por parte de un grupo de desconocidos. Poco después, en la comisaría apareció dibujada una diana y proclamas amenazantes».
Claro que han cambiado muchas cosas tras el final de ETA como banda armada, pero hay que reconocer que el espíritu que durante décadas condujo a la izquierda aberzale sigue vivo en la sociedad vasca. No con la intensidad de entonces, cierto, pero sí que con la suficiente fuerza como para que alguien crea que se puede poner a una persona en la diana. ¿Y qué hace Bildu ante tal ataque a las libertades? Se desmarca de la condena, siendo fiel a su tradición de no reprochar nada a los terroristas cuando asesinaban.
Esto es lo que se le achaca a Pedro Sánchez cuando pacta con Bildu. Los aberzales no acaban de descolgarse los hábitos y padecen un déficit democrático importantísimo. Resulta clarificador ver a la tropa de Otegi toda digna hablando del mal que representa la extrema derecha para las libertades de la sociedad en general, cuando ellos son incapaces de pararse un minuto, pensar y decir: «No está bien colocar a una persona en la diana».
Otegi, ese hombre de paz bendecido por Zapatero, seguro que jugó un gran papel en el final de ETA. Pero a día de hoy se está escondiendo y es incapaz de romper amarras de una vez por todas con todo aquello que cercene las libertades.