El lunes fue a divertirse a La revuelta la artista de la que todo el mundo habla. David Broncano y su equipo hicieron honor a ese privilegio tirando de la veta más fresca y audaz del entretenimiento televisivo. El listón de la creatividad arrancó en alto con el sketch inicial, el de una reunión de comunidad de vecinos integrada, entre otros, por inquilinos como Pedro Almodóvar, Carmen Machi, Estopa y Alexia Putellas. Fue lo más cerca que ha estado la televisión española del espíritu de Saturday Night Live. Del portal salió Broncano hacia el teatro acompañado por Rosalía. ¿Fue la suya la mejor entrevista que se le podía hacer a la cantante? No. ¿Fue la más disruptiva e imprevisible? Por supuesto. Ni La revuelta ni su rival, El hormiguero, son espacios para conversaciones sesudas. Su vocación es la diversión y la anécdota, y su aliciente radica muchas veces en el hito de tener al invitado delante y ver cómo devuelve la pelota a cada ocurrencia. Rosalía manejó con maestría la raqueta y demostró que, además de su virtuosismo musical, disfruta ante las cámaras con su perfil más natural. Su regalo al presentador fue un dulce elaborado por ella misma y lo repartió entre el público al estilo de Ellen DeGeneres cuando pidió pizza en plena gala de los Óscar. Todos comulgaron devotamente con el bizcochito sin detenerse a pensar en la cotización que el valioso bocado podría haber alcanzado en Wallapop.