El diablo está en los detalles, dice el refrán anglosajón. Un día, Alba Medina reparó en que la dirección fiscal de la newsletter de Cocina con Coqui estaba en Andorra. Y la influencer habrá ganado en cash, pero ha perdido en influencia. Cien mil seguidores, concretamente, que no le han perdonado cruzar la frontera, física y figuradamente. Cien mil que han asumido que la mudanza a un país con una fiscalidad ventajosa tiene como motivación principal esa. Dejar de pagar impuestos.
Han sido cien mil los seguidores que no compran ese discurso rancio de que en España se pagan demasiados impuestos, cien mil que comprenden lo que es la redistribución de la riqueza, que entienden que por mucho dinero que se haya amasado, nunca es suficiente para afrontar una enfermedad grave —que se lo digan a Shannen Doherty—. Cien mil personas que se han cansado del populismo barato y cien mil personas que creen que el patriotismo, más que agitar banderas, está en aportar cada día un país que es de todos.
No es la primera, desde luego, pero quizá su comunidad es un poco distinta a la de otros a los que les ha salido gratis la insolidaridad tributaria. De poco le ha valido un vídeo en el que aborda la polémica. También tiene sentido. En él da entre pocas y ninguna explicación. Eso sí, el post de la mudanza era una colaboración. Pagada.