Viaje al centro de nuestro genoma

José Tubío
Jose Tubío INVESTIGADOR Y DIVULGADOR EN LA UNIVERSIDADE DE SANTIAGO DE COMPOSTELA

OPINIÓN

María Pedreda

31 oct 2025 . Actualizado a las 05:00 h.

Si hay una región de nuestro genoma que permanece casi virgen e inexplorada, esta es la de los centrómeros. Situados en el corazón de nuestros cromosomas, ahí hay que entrar a machete: bastos matorrales de material genético repetitivo se abren paso a lo largo de grandes extensiones, de hasta 17 millones de nucleótidos, lo que ha dificultado durante décadas el acceso de los exploradores científicos a las exóticas entrañas de esas junglas genómicas que encierran un mundo todavía poco conocido.

A pesar de los numerosos esfuerzos por desvelarnos sus curiosidades más profundas, solamente una expedición reciente consiguió catalogar en gran parte su composición, y dar a conocer al mundo entero alguna de sus singularidades. Este trabajo representa la única travesía que ha dado la vuelta a toda su redondez, y que nos ha dibujado un mapa más o menos completo para guiarnos a lo largo y ancho de su territorio.

Su cartografía nos muestra que los centrómeros pueden variar hasta tres veces su tamaño entre diferentes personas, y presentan una extraordinaria diversidad genética en su composición. El interior de los centrómeros está habitado por ciertas criaturas singulares, alguna de las cuales se cree extintas. Una de estas especies genómicas son los retrovirus endógenos. Aunque no se ha conseguido capturar ningún ejemplar vivo de este taxón, sí se han encontrado restos fósiles y algún que otro cuerpo muerto en bastante buen estado, que son evidencia de una actividad muy reciente en nuestro genoma. Es altamente probable que los pocos representantes vivos de esta especie se refugien en las profundidades de las selvas centroméricas y sus alrededores.

Se estarán preguntando qué tienen de importancia los centrómeros para dedicarles tanta atención por parte de los científicos. Pues bien, su función biológica es altamente relevante, pues son unas estructuras que actúan a modo de nudo, a partir del cual se tira, para asegurar el reparto de cromosomas a partes iguales durante la división de nuestras células. Si este nudo falla, la célula entera pierde el equilibrio, lo que puede llevar a enfermedades como el cáncer. Además, los centrómeros representan un punto geodésico, una referencia fija y precisa, desde la cual se miden las distancias que identifican a cada uno de los 23 pares de cromosomas humanos. A partir de ellos, y hacia ambos lados, se extienden los brazos cromosómicos que contienen los genes que codifican las instrucciones que nos hacen personas únicas e irrepetibles.