El Gobierno y la pólvora del rey

Carlos del Pino Luque ABOGADO

OPINIÓN

JUAN CARLOS HIDALGO | EFE

04 sep 2025 . Actualizado a las 05:00 h.

Tras un fatídico mes de agosto como consecuencia de una burocracia incendiaria y una ineptitud sin precedente de todas las administraciones y dirigentes de este país, el Gobierno, siguiendo la hoja de ruta de su plan de supervivencia impuesta por ERC, ha aprobado una quita parcial de la deuda que la comunidad autónoma catalana tiene con el Fondo de Liquidez Autonómica.

Para ello, el Gobierno, que, como ya he dicho y repito, va un paso por delante de la oposición, ha articulado la condonación de 17.104 millones de euros a Cataluña, previamente pactada por un puñado de escaños, a través de una norma que también ampara la condonación parcial de la deuda del resto de comunidades autónomas, si bien los importes varían desde los 448 millones de euros de La Rioja o los 18.791 millones de euros de Andalucía. La norma aprobada pone de relieve, una vez más, la audacia con la que obra este Gobierno, que pone en un nuevo brete a los presidentes de las comunidades autónomas cuya deuda también se condona.

Partiendo de la base de que en cualquier ámbito, público o privado, resulta tan inusual como reprochable que se condone cualquier deuda, menos aún como consecuencia de chantaje, extorsión o amenazas, lo cierto es que la medida aprobada no deja de ser realmente una asunción de dicha deuda por parte del Estado, que afrontará la misma mediante su traslado, vía impuestos, a todos los ciudadanos de todas las comunidades autónomas del territorio nacional —con excepción de País Vasco y Navarra, que, para variar, quedan al margen en su paraíso territorial y fiscal—.

Ello quiere decir que, en los próximos meses, solo cabe esperar un aumento de la presión fiscal que seguramente traerá el establecimiento de un tipo de gravamen mínimo en el impuesto sobre sucesiones y donaciones a nivel nacional, uno de los puntos críticos en los que Cataluña viene incidiendo debido a las grandes diferencias que existen entre su propia comunidad y otras autonomías, como Madrid o Andalucía. Así, mientras una herencia en estas comunidades tiene una nula tributación, en Cataluña puede llegar a tributar un 32 %.

Pero, lejos de ser agorero, y centrándome en lo que ahora acontece, esta condonación parcial va mucho más allá de lo pactado con ERC para que el perseverante incombustible siga perpetuándose en el Gobierno. Realmente, nos encontramos ante un paso más para la tan ansiada nación de naciones que de un tiempo a esta parte se viene pregonando desde tiempos del expresidente Zapatero. Pero una nación de naciones en la que unas ganan y otras pierden. Gana la que perpetúa a aquel y pierden todas las demás. Y, muy a mi pesar, no alcanzo a ver la luz al final de este funesto, gris y tenebroso túnel, en el que permanezco expectante al siguiente capítulo que, sin duda, no será el último.

Lo más triste de todo es que, en realidad, esa nación de naciones es simplemente un capricho de políticos, gobernantes y maleantes, que utilizan la bandera e idioma de un territorio para empequeñecer culturalmente a sus ciudadanos con la única finalidad de acaparar el mayor poder posible lejos del control del aparato del Estado. Y todo esto es posible porque el Gobierno no dispara con su propia pólvora, sino con la de los contribuyentes, que, incomprensiblemente, seguimos impasibles ante tamaño latrocinio.