Noelia cobrará su revancha

María de los Ángeles Fernández Ramil DOCTORA EN CIENCIA POLÍTICA

OPINIÓN

Fernando Sánchez | EUROPAPRESS

13 ago 2025 . Actualizado a las 05:00 h.

La caja de Pandora abierta por el ministro Puente con su denuncia de irregularidades en el perfil profesional declarado por la ex diputada del Partido Popular Noelia Núñez está lejos de cerrarse. La canícula veraniega no es obstáculo para que, entrelazados con información de las distintas tramas de corrupción que se investigan, afloren nuevos antecedentes sobre curriculum vitae (CV) falsarios. Todo esto ocurre mientras el titular de la cartera de Transportes y Movilidad Sostenible, quien desató el macartismo curricular al que asistimos, sigue tuiteando como si nada a pesar de las múltiples incidencias que revelan su deficiente gestión, justo en el momento del año de más desplazamientos. Frente a la guerra de CV entre los dos principales partidos, resulta interesante reflexionar sobre algunas posiciones que se observan en el debate público.

Para algunos, se trata de un gasto innecesario de tiempo cuando hay problemas más urgentes y graves. Para otros, se buscaría eclipsar asuntos realmente gordos (ahora estamos con Huawei o «la rama china de la corrupción del PSOE»). Para un tercer grupo, que el debate no se agote es indicador de algo mayor que el uso a conveniencia que los partidos hacen de CV fraudulentos como parte de la refriega política. Habría un deseo de ver en ello el atisbo de un cambio cultural en curso, donde la transparencia comienza a valorarse.

Sin embargo, acusar de información falsa es tan solo un punto de partida mientras, desde la sociedad, los títulos universitarios sean vistos en lógica aspiracional y de estatus (con la titulitis como patología asociada) y los partidos no implementen sistemas de control interno permanente para revisión de antecedentes, tanto de cargos políticos en ejercicio como de futuros aspirantes.

Por último, una nota sobre los desenmascarados en su impostura, ya que, abandonado el cargo, no pasan necesariamente al ostracismo. En España es posible mantenerse en el candelero, participando en programas de debate y análisis político. Acostumbramos a ver en ellos a expolíticos como Cristina Cifuentes, Susana Díaz, Esperanza Aguirre, Pablo Echenique o Miguel Ángel Revilla, por citar algunos.

Si bien por motivos diversos dejaron atrás el poder político e institucional, han pasado a desplegar otro tipo de poder, de corte simbólico y cultural. Sería un error tildarlos peyorativamente solo como «tertulianos», puesto que, desde su nueva posición, influyen en las visiones e interpretaciones que nos hacemos acerca de la política y, en definitiva, de los dilemas que entraña vivir en sociedad. Eso lo entendió rápidamente Pablo Iglesias, devenido ahora en empresario de las comunicaciones, quien ha sido insistente en señalar que los actores políticos fundamentales no serían los partidos, sino los poderes mediáticos.

Por lo anterior, el fichaje que habría hecho la defenestrada Noelia por Mediaset, junto con contribuir a sumar voces públicas femeninas en un contexto donde, según el Informe Monitoreo Global de Medios (GMMP), en temáticas relativas a política y género, las mujeres representaban en el 2020 solo un 20 % como fuentes de información y conocimiento, encierra un ribete de revancha.